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La Nueva España

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Carmen Martínez Fortún

Ocurrencia y estrategia

La crítica de Page a las malas compañías del PSOE y a la campaña anti Feijóo

Considero la ocurrencia como opuesta a la estrategia. La segunda respondería a un plan elaborado para conseguir un objetivo. La primera, a una reacción coyuntural para paliar un desaguisado. O aprovecharlo. Este septiembre es prolijo en ambas desde el punto de vista político y público, compatible con mi particular y doméstica ocurrencia de practicar el método japonés Ryôsuke por el que, simplemente respirando, algo que debo hacer para vivir, perderé la tripa de la molicie veraniega, pues la estrategia comodona de solo paseos se ha revelado poco eficaz.

La despedida interminable a la muy respetable Reina Isabel responde a una estrategia propagandística de la Corona en momentos delicados. Sin embargo, la asistencia de Juan Carlos al sepelio en modo alguno puede atribuirse a una estrategia del mismo para fastidiar a su hijo aunque puede que se trate de una caprichosa ocurrencia real para provocar un síncope al gobierno español y lo mismo a Letizia.

Ducharse menos, ducharse en pareja o simplemente no ducharse y frotarse con toallitas son ocurrencias de alocados gobernantes europeos para ahorrar energía este invierno, que no será solo del descontento sino del mal olor. Imaginativa sin embargo parece la de una anónima ciudadana de cocinar en el lavavajillas, mucho más higiénica que la anterior.

El selfie mejicano ante el féretro real o el desmelene musical de Trudeau antes del entierro son inoportunas ocurrencias relacionadas con el óbito, a muchos kilómetros de distancia de la de Escrivá, ajeno al duelo, de armonizar ¡ahora! la fiscalidad, ante la estrategia del PP, electoral o no, pero alivio seguro para tantos ciudadanos machacados a impuestazos.

No parece, en fin, una ocurrencia, la crítica de Page a las malas compañías del PSOE o a la campaña anti Feijóo, pues lejos de desdecirse se ratifica. Más bien suena a estrategia de distanciamiento del sanchismo contaminante, que a su vez prepara la vieja estrategia del NO-DO para ensalzar a su jefe de un modo casposo y sonrojante. El tiempo pronto sentenciará quién acierta y quién no.

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