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Francisco García

San Martín asturcelta

AgroSiero acaba de celebrar el concurso nacional de gochu asturcelta, variedad autóctona de la raza gorrina con cuya carne en Tineo elaboran un espectacular chosco, a base de cabecero de lomo y lengua que marida bien con pimentón y patata cocida. Cómo elaboran artesanalmente el choco las mujeres tinetenses es un secreto bien guardado, pero no ibérico.

El abuelo pastor decía, mientras ponía a orear los chorizos de la matanza, que “no hay mejor pescado que el cerdo”. De manera que cuando se aproximaba noviembre, y a uno de sus gochos, el de mayor lustre, le tocaba pasar por el cuchillo del matarife, reunía a los nietos y les decía, a las puertas de la cochiquera: “A ver, vamos a elegir la langosta para la cena de Navidad”.

Del gorrino, todo es aprovechable, incluso la cabeza de lechón como recordado proyectil en el Camp Nou contra la integridad física y emocional del traidor Figo. Hasta el gruñido resulta provechoso, y en este caso conviene releer y recurrir a los clásicos, que es buena manera de que las nuevas generaciones no tengan como referencia intelectual al asno. Cuenta Plinio el Viejo que los romanos derrotaron al poderoso ejército de Pirro en la batalla de Maleventum (274 a.C.) al azuzar cerdos ardiendo, embadurnados de brea, contra los elefantes del rey de Epiro, que huyeron despavoridos. Los paquidermos, invencibles armas de guerra, se convertían así, por el pánico estridente de los puercos chillones, en enemigos de su propio ejército.

De vuelta al inicio, conviene escuchar a la Asociación de Criadores de Gochu Asturcelta y consumir productos de esta raza autóctona, que es Duroc de pelar, pero hace buena pluma, buena aguja y buena presa.

Resulta curioso, por otra parte, que el campeón mundial de manejo de la raza autóctona porcina, Sergio Baragaño, sea nativo del concejo que se apellida del Rey Aurelio, aunque es probable que al cerdo que presentó, prestoso, a concurso también le llegue su San Martín.

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