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Julio Bruno

Julio Bruno

Empresario e inversor

¿Y a mí qué me importa Tamara?

La inflación y el precio de la luz, una pesada losa para las economías domésticas

Tamara Falcó José Oliva

Abro mi factura de la luz y, por primera vez en meses, aquí, desde mi casa en Londres, sonrío: "A partir del mes de octubre su factura mensual bajará 66 libras como consecuencia de la nueva ley de Garantía de Precio Energético en adición al esquema de ayuda a la factura energética del Gobierno". En total el ahorro por hogar será en torno a las mil libras anuales dejando el precio a niveles de antes de la crisis energética. Sin estas ayudas el precio medio por casa habría subido más de un 150% en un año. El problema es que esta ayuda se pagará con deuda nacional. Lo que te dan por un lado te lo quitan por otro.

La crisis de subida del coste de la vida nos afecta a todos, la inflación está disparada, cerca de un 10% en Reino Unido y en España incluso por encima. La guerra en Ucrania continúa y Putin sigue utilizando la energía como arma arrojadiza. Y en el horizonte la temida recesión. Las tasas de interés suben en respuesta a la inflación desbocada y la deuda soberana está en cotas no vistas en decenios. Y esto es en Europa, ya que en la mayoría de los países en desarrollo y del Tercer Mundo, donde ya no tienen reservas fiscales y su deuda está a su nivel máximo en 50 años, la crisis es todavía más aguda. Tras más de dos años de lucha contra la pandemia del covid, los gobiernos ya no saben cómo dar respuesta a esta crisis mundial y los bancos centrales se quedan sin herramientas fiscales para estimular la economía y controlar la inflación.

Para poner la crisis mundial en perspectiva, el paquete de medidas contra las crisis en el Reino Unido es el más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Subsidios a la energía, plan de ayudas a la economía y rebaja de impuestos. No obstante, Liz Truss, la no tan flamante nueva Primer Ministro, tuvo que dar un volantazo a su gran plan de recortes de impuestos a los ricos, tras la caída en picado de la libra en los mercados internacionales y los gritos de espanto desde su propio partido reclamando su eliminación.

La denostada "economía de goteo" no contó con el apoyo de los mercados financieros ni con el de su propio partido. La rectificación en una semana ha sido vergonzosa y el Partido Laborista se frota las manos viendo una perspectiva real de gobierno en las próximas elecciones.

No es la primera vez que Liz Truss cambia de opinión en asuntos transcendentales. En 2016 votó con convicción la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Un año después se convirtió en ferviente defensora del Brexit. Digo yo que será de sabios rectificar.

Liz Truss llegó al gobierno tras haber ganado tan solo 81.326 votos (Rishi Sunak, el otro candidato, ganó 60.399). En un país de 67 millones de personas solo los miembros del Partido Conservador votan por su líder que, tras la dimisión de Boris Johnson, significaba su ascensión automática a Primer Ministro. No es de extrañar entonces sus ganas de contentar a esa super minoría de votantes que la apoyaron; seguramente forman parte del reducido grupo de ciudadanos que se hubieran beneficiado directamente de tal singular recorte. Será casualidad.

Mientras el mundo contempla esta crisis de coste de vida con pánico y sin soluciones claras a corto plazo, yo no me olvido de ti, Tamara. Everything happens for a reason...

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