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Juan Tallón

Parece una tontería

Juan Tallón

Amar la discusión

Uno de los grandes momentos de la jornada

Discutes, te acaloras, elevas la voz, y cuando pasa la tormenta, lentamente te calmas, y más lentamente aún olvidas el desencuentro. Estás para otro. Imposible no sentirse vivo durante una discusión. Quizá sea uno de los grandes momentos del día, en el sentido de que te hace sentir despierto, expresivo. Te entona. Cuando llega la pelea, el día acaricia el techo. No conviene abusar de ella, claro. Sería como abusar del techo, algo que suena bastante absurdo.

¿Existen mejores y peores horas para discutir? ¿Cuándo se recomienda armarla? La pelea doméstica es algo muy personal. Quizá dependa del gusto. O del hartazgo acumulado. Parece imprudente colocar la discusión a una hora muy temprana. Despertar es una lenta operación que no se agota abriendo los ojos y levantándose de la cama. Puede durar un par de horas, y se agradece cierto reposo, hasta silencio. Si no sonase displicente, en esos instantes delicados de la mañana yo saludaría siempre con un: "Buenos días; cállate".

No parece prudente colocar el listón demasiado arriba a primera hora. Las expectativas son un material sensible. Discutir temprano amenaza con que el resto de la jornada cobre aspecto de inevitable hundimiento. El mediodía ya es otra cosa.

A esa hora, el jueves pasé por delante de un "Todo a cien" que hay al lado de casa y vi a una mujer salir del negocio, volverse y decir: "Pero qué burro eres". Era la propietaria. Le hablaba a su marido, detrás del mostrador, y también propietario. Los conozco porque soy un asiduo. Discuten a menudo, y delante de los clientes. Lo hacen con encanto. Me recuerdan a los padres del protagonista de "Días de radio", de Woody Allen, dos personas capaces de pelearse por todo. En su primera escena, de hecho, la mujer está en el salón, tranquila, cuando irrumpe el marido levantando la voz a propósito de un tema polémico: "¿¡Dices que el océano Atlántico es mejor que el Pacífico!?". Ella ni lo mira. "No", responde, "digo que el Pacífico es mejor". Lo cual nos sirve para concluir que no hay temas mejores y peores de discusión. Cualquiera vale.

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