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Guillermo Martínez

Guillermo Martínez

Exconsejero de Presidencia del Gobierno de Asturias y Exalcalde de Siero

El papel de la proximidad

La capilaridad regional existe a pesar de la digitalización, que amenazaba con acabar con las distancias

Hace pocas semanas un libro de Hervé Le Bras sobre cartografía electoral puso de manifiesto cómo los candidatos en elecciones generales no solo ganan en su circunscripción, sino que hay un efecto "difusión" que lo trasciende y que va debilitándose conforme aumenta la distancia. Se justifica el autor en dos razones: el boca a oreja y el papel de la prensa regional. Lo cierto es que para este descubrimiento no hacía falta ninguna tesis, pero habíamos llegado a pensar que el algoritmo de la confianza no contaba ya con el ingrediente de la proximidad física, que compite con la radio, la televisión o las redes sociales, cuyo mensaje puede tener un origen indistinto porque la distancia directamente no importa. De repente, descubrimos que el fenómeno de la capilaridad existe y funciona.

El choque de una pandemia con sabor medieval aceleró el proceso de digitalización, que se decía supondría el fin de las distancias. Pero a la vez también puso en valor lo cercano y nos hizo añorar la relación social. Aunque Jacques Attali defiende que aún no hay salto comparable en calidad de vida como fue la generalización de la lavadora automática, nadie duda de los profundos cambios que operan no solo en los procesos tradicionales de producción sino en nuestra forma de relacionarnos, de recibir la información, de sentir y de ser. Y aunque convivimos en un mismo espacio personas con muy distinto grado de penetración tecnológica, a todas nos afecta y condiciona.

Séguéla afirmó que la diferencia entre los dirigentes de ayer y de hoy es que los primeros trataban de usted a los ciudadanos y los más recientes los tutean. De hecho, hablaba de la proximidad que practicaba el entonces presidente Valéry Giscard d’Estaing: "va a dar la mano a un presidiario en Lyon después de una revuelta en la prisión, invita a cuatro obreros a un desayuno en el Elíseo, frecuenta los restaurantes en familia y alguna vez conduce su propio coche". Era un avance, aunque sería interesante analizar el movimiento pendular que se produce entre tomar a la ciudadanía por mayores de edad o degradar la proximidad deteriorando el papel de cada actor, en una mezcla en la que todos cumplen la función de todos, pero precariamente el propio.

En esta reflexión el papel de la prensa regional es esencial no solo para el acompañamiento de estructuras sociales y administrativas de escala regional y local, también para dar cauce de participación y generar cohesión social. Es responsabilidad de todos mantener esa "electricidad social". Podríamos imaginarnos una opinión pública sin democracia, pero no sería posible una democracia sin opinión pública. Ese pasajero clandestino de la democracia –la opinión– es un vector que necesita preservarse en sus distintas escalas. Nos empeñamos en crear élites dirigentes en cada territorio mientras soñamos con un supuesto cosmopolitismo que a veces desprecia lo cercano simplemente por demasiado próximo. Nos parece que las responsabilidades más próximas generan mejor gestión, aunque a veces pensemos que el papel de los medios en ecosistemas más reducidos los lleva a estar más condicionados. Pero no se trata de la escala sino de cómo se actúa en ella.

No es lo mismo proximidad política que política de proximidad. Tampoco la proximidad está reñida con la competencia. La acción pública, que no se desarrolla en un laboratorio, no está basada en un cálculo científico, que permita tomar decisiones perfectas, si bien requiere de profesionalidad, estudio y dedicación. Nuestras sociedades están plagadas de fosos que nos sitúan o nos hacen creer que estamos en planos y vectores diferentes. La proximidad, que siempre nos acerca, sigue estando en la alquimia de una sociedad madura y cohesionada y si bien puede que no consiga resultados perfectos, al menos si mejores.

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