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Fernando Granda

La ropa que va a triunfar

Recuerdos de venta de prendas usadas

Los gurús de la moda y los de la economía parece que se ponen de acuerdo. La ropa que más se va a vender en las próximas fechas será la de segunda mano. Ganancias para las muchas webs que van apareciendo en los medios y en las redes sociales. También para algunas cadenas físicas que se dedican a la venta de prendas usadas. Y, claro, como se convertirá en tendencia, subirá su precio en pocos días. Quizá sea una propensión histórica o al menos con algunos antecedentes. Pero se aproxima el viernes negro, el "black friday", que además de un día de rebajas se está convirtiendo en una jornada de fraudes. Ya se habla de "timofraidey" o "bulofraidey", en el lenguaje popular, porque con el argumento de grandes descuentos en las redes se cometen bastantes fraudes a través de un sistema conocido como "phishing", el engaño de suplantación de una persona, firma o empresa para estafar a través de internet.

Disfrutábamos de un viaje de fin de carrera cuando aterrizamos en Hamburgo, una ciudad alemana que en aquellos años hacía de base de las escalas para los soldados estadounidenses que regresaban a su tierra tras su paso por la guerra de Vietnam. Corría el año 1971. Las tropas norteamericanas, cuando eran relevadas de los combates, se licenciaban y volvían a casa, pasaban unos obligatorios reconocimientos médicos en Alemania, la República Federal, antes de viajar definitivamente a la metrópoli. Aunque escapar de un conflicto como el de Vietnam parecía un premio más que un derecho, las secuelas de la contienda producían unos enormes traumatismos anímicos y psíquicos en muchos combatientes. "Desde que estuve en Vietnam no he recuperado bien el sueño", declaró hace poco el gran periodista asturiano Diego Carcedo, quien vivió el conflicto como enviado especial de un medio de comunicación, no participó en los combates pero relató la crueldad de una guerra.

Aterrizar en Alemania ya era una liberación para muchos aunque representaba un estadio nuevo en su situación personal. Lo contaba con gran precisión y humanidad otro periodista y cineasta asturiano, Pedro Mario Herrero, en sus crónicas para un diario madrileño, recopiladas en el librito "Crónicas desde el Vietnam", de la colección "Crónicas" de la editorial Ciencia Nueva, en 1968. Llegados a las bases norteamericanas en su escala europea, los recién licenciados traían en su equipaje "ropa de calle" y disfrutaban de unos días de descanso antes de atravesar el Atlántico y besar a los suyos en algún lugar de Estados Unidos. Y en esas "minavacaciones" emocionales europeas trataban de liberarse de recuerdos de guerra vendiendo su vestuario, ya fuera de soldado como de civil.

En nuestro paseo por la hanseática ciudad del Báltico, guiados por "radio macuto", visitamos una gran tienda que vendía vestimenta de la que se desprendían los soldados licenciados y en tránsito hacia su pueblo, su familia. Allí se expendía desde ropa de camuflaje a tejanos. Eran prendas casi nuevas, escasamente usadas (el US Army "compensaba" a sus reclutados soldados con vacaciones en lujosos resorts en países cercanos a Vietnam y buena ropa para disfrutar esas vacaciones, señalaban en sus crónicas los colegas mencionados). El establecimiento estaba a rebosar. La ropa de combate era menos apreciada, la guerra era una pesadilla para jóvenes occidentales, pero pantalones y "guerreras" tejanos, los vaqueros de los sobrevivientes soldados los pretendían quienes buscaban la ropa de moda y calidad.

Los marcadores de las tendencias actuales, los "influencers", y los estudiosos de la economía auguran un crecimiento de las ventas de atuendos usados, de indumentaria ya utilizada por otra persona, el incremento de la venta motivada por la subida de los precios y la inflación a causa principalmente de otra contienda, la guerra de Ukrania, y de la especulación. Se puede dar una/o cuenta de ello con la frecuencia de los anuncios de webs de objetos de ocasión, de tiendas de denominación humanitaria que ya existen en muchas poblaciones y que venden prendas a precio de ganga… hasta que la propaganda y las influencias recarguen sus precios.

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