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JC Herrero

Trece razones para vivir

El alarmante crecimiento de las autolesiones en la adolescencia

Distintas organizaciones levantan la voz denunciando el alarmante crecimiento de autolesiones en estadios de adolescencia juventud. Es el caso de Save The Children, entre otras.

Apuntan como factores de riesgo parámetros puramente estadísticos: edad, sexo y renta del hogar.

El asentamiento mental de los niños, sus esquemas aprehendidos, el locus, puede derribar al menor en la interiorización de lo externo que le es impuesto culturalmente.

Les hemos regalado un "frasco de esencia cultural" llamado algoritmo, que todo lo resuelve, incluso las formas de hacerse daño.

Les apuramos la sociabilidad. Con apenas un año van al jardín de infancia, aun siendo por horas les enajenamos sin que opinen.

Del chupete al birrete de bachilleres. Nuestros hijos rememoran la trazabilidad que les ve crecer en comunidad, expropiamos su "yo" parental en cada despertador que les altera el ritmo cardíaco.

Nuestra cultura es incapaz que las crianzas consideren a sus educadores como a "papá" o "mamá", al uso en culturas tribales. Hemos doblegado el panenteísmo krausista de una institución de libre enseñanza agotada, entregada al algoritmo que todo lo sabe.

En el momento en que dejamos al niño en otros brazos, navega entre iguales, con supervisores que no son los naturales.

Trabajan los padres, y por conciliación delegan la vigilancia de hijos apenas destetados, aun siendo en horario escolar o extra.

Con estos mimbres los investigadores deben apartar la paja del grano para contener la cifra de autolesiones en edades tan tempranas, este daño va en aumento, en Occidente sería raro.

Los antropólogos somos conscientes del peso cultural en esta lid. Y es que nunca ha habido tanta estadística que nos somete por infoxicación, todo en busca de algoritmos que aligeren nuestro locus.

Sin ir más lejos el precio de la luz, la carestía de vida o niveles a corregir por la dictadura de mercados, frenar cualquier desviación como el actual desmadre hipotecario.

Esas penalidades llegan a todos los hogares, y los niños lo repercuten. Les dejamos el móvil para que el algoritmo resuelva.

En los estados de ánimo de nuestros niños y adolescentes no podemos inferir medidas correctoras, como si se actuase en la bolsa de Madrid, estamos inmersos en una amalgama cultural que necesita de especialistas, y esto no es un eureka aleatorio.

Nadie se cuestiona cómo nuestro hijo de nueve años tiene reconocidos tres "trienios" de vida escolar. Nunca se manifestará.

¿En qué estadística metemos la variable desgaste?

Les despertamos del sueño natural para cumplir obligaciones de adulto, justificando la educación, sin alternativa.

El siguiente paso será que las madres en gestación ingresen en centros especiales. Puestos a dilapidar la epigenética parental, su importancia. Que los educadores sean parteros, que lo son de hecho.

Todo por la cultura, ese agua de escorrentía que no vemos, que no podemos diagnosticar, previendo su influencia en los niños.

Los investigadores, y sobre todo los simuladores de leyes educativo-ideológicas, han de tener en cuenta la "previsión de riesgos escolares" como si de la ley de prevención de riesgos laborales se tratase, no se distinguen en nada.

¿Quién habla de cuatro días de jornada escolar? Nadie.

Debemos adentrarnos en la cabeza de los educadores a quienes les pasamos, no la patata caliente, la tortilla cultural entera.

Si toda esa cohorte de ideólogos entusiastas que estrenan leyes educativas como cambiar pañales orientase los esfuerzos hacia una ley de "Prevención de Riesgos Escolares" las sangrantes cifras de autolesión en adolescentes bajaría drásticamente.

¿Quién está en ello?

Tiene más peso cultural la emisión de la serie americana "Por 13 razones" que el alargado currículo de ciencias de la educación, incluso de la salud, en algunos aspectos.

Tras una autolisis infantil no podemos llevar a los tribunales a ese algoritmo sabelotodo: Google, Instagram o TikTok, pero sí la incompetencia de nuestros impredecibles regidores.

Nuestros políticos –kamikazes de la alternancia– deben iniciar de facto esa campaña: "Trece razones para vivir" en todo el ámbito escolar español, frenando autolesiones de infancia.

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