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Francisco Sosa Wagner

Cómo acabar con las elecciones de una vez por todas

Sátira contra el populismo de los políticos

Se acerca la época de las elecciones, es decir, meses de combates trucados, de juego de dados cargados y, lo que es peor, de zafiedad argumental, de insultos sin gracia ni ingenio, meses pues de desesperanza para toda persona bien constituida en los que se padecerán pesadillas tenebrosas.

Oiremos repetir los mismos eslóganes, idénticas matracas: las derechas, las izquierdas, los empoderados, los transversales, los inclusivos, los machistas … las más perversas manifestaciones de la hidra de la ignorancia. Viviremos el destierro de los matices, el apagamiento de las luces interiores de la razón discursiva, el triunfo del cinismo, de la hipocresía, en fin, viviremos nuestra conversión en un hormiguero.

¿Nos resignamos? No debemos.

Propongo un par de formas de librarnos de las campañas electorales, torrente inmundo y letal, como vengo diciendo, donde se ahoga lo poco que de decente tenemos los humanos.

La primera es seleccionar a los jefes de esas (des) organizaciones que son los partidos políticos y enfrentarlos entre ellos, ponerlos a luchar –como dice Homero en la Ilíada– "hombre contra hombre": "haz que se sienten los demás troyanos y todos los aqueos, y desafía tú personalmente al más valiente, quienquiera que sea, de entre los aqueos, a ponerse a luchar hombre contra hombre en un feroz combate ...".

Y al que salga vencedor, se le dan los escaños, las prebendas, los fondos de reptiles y las charcas donde viven los tales reptiles. Todo para el ganador pero libres de mítines, de declaraciones televisivas, de debates acartonados, simplemente la estética del pugilato.

Cuando escribo "hombre contra hombre" lo hago porque así aparece en el inmortal poema pero me cuido en añadir "o mujer contra mujer o mujer contra hombre", no vaya a ser que alguien me propine un zarpazo, que lo tendría bien merecido. Y lo mismo me apresuro a acoger a cuanto ser viviente haya hecho uso del derecho de autodeterminación que al fin, tras años de oscuro despotismo, ahora disfrutamos.

La segunda está relacionada con el actual momento futbolero, tan agobiante como corrupto y pestilente, un espectáculo que es filigrana consentida –por millones de espectadores– de sobornos, trampas y otras dentelladas al Código penal

¿Cómo no se le ha ocurrido a nadie usar la oportunidad que el fútbol proporciona para dirimir nuestras cuitas políticas?

Sabemos que estas son peleas de fanáticos. Hay quien dice ser de izquierdas porque tuvo un tío hace setenta años que luchó en esta o en aquella trinchera y otro que dice ser de derechas porque al cura de su pueblo le metieron en una camioneta una madrugada y nunca más se supo de él. Y así seguido… todo raciocinio ha quedado descartado al primar el desvarío de las bobadas sectarias y los trazos gruesos.

La lucha política es hoy por ello lo más parecido a un partido de fútbol. Y no es extraño si se tiene en cuenta que no pasa un solo día que no se retransmita uno. Más aún: informativo general hay que se abre con el juanete que padece en el pie derecho el portero del Deportivo Carbajosa, terrible adversidad que le impedirá saltar al césped con el peligro que ello implica para la clasificación en la Champion o, peor aún, en la Contrachampion.

Si esto es así ¿a qué esperamos para organizar un torneo de los contendientes en el césped político y dirimir así su preeminencia?

El gentío forofo se desahogaría y los menos acalorados se mantendrían alejados y alojados en la burbuja donde se descabeza el sueño de la indiferencia.

Son dos maneras las que expongo de dar un corte de mangas a quienes nos quieren hacer figurantes de carnaval o bufones en una corte de pícaros.

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