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José Luis Salinas

En la mente de Elon Musk

Perfil psicológico del nuevo dueño del patio de vecinos

Elon Musk.

Elon Musk suele tener ramalazos en los que muestra sin ningún pudor su estado de ánimo, como el día que escribió –por supuesto en Twitter, ahora su casa– algo así como que sufría periodos de gran euforia, terrible decaimiento y un estrés incesante. Pero comencemos por el principio. El multimillonario nació en Sudáfrica, aunque se crio en Canadá y, finalmente, acabó encontrando su sitio en la tierra de las oportunidades poniendo en marcha una empresa desde cero, aunque ese capítulo de su historia tiene más de un claroscuro. Como otros muchos que están algo emborronados. Igual que su forma de actuar o pensar, un enigma para muchos.

Trazar un perfil psicológico de una persona que no se conoce es complicado, aunque Musk se ha encargado de ir dejando miguitas por el camino para que los demás puedan ir haciéndose una composición de lugar.

Lo mejor para comprender al personaje que ha provocado una desbandada laboral en el gigantesco patio de vecinos que es Twitter es comenzar por el principio. De la infancia de Musk en Sudáfrica se conocen dos hechos clave para comprender su comportamiento posterior. Por un lado, que sufría acoso por parte de sus compañeros de colegio. Eso marca de por vida y suele dificultar las relaciones sociales durante la edad adulta. El vínculo con los iguales ya nunca es el mismo, queda pendiendo de un hilo durante años y cuesta un mundo abrirse a los demás. Las personas que pasan por este tipo de situaciones suelen tener un cierto distanciamiento con los otros y si logran llegar a una posición de poder, como es el caso de Musk, suelen ser implacables con el resto. No suelen hacer prisioneros.

El multimillonario jefe de Tesla, Elon Musk, entrando en la sede de Twitter con un lavabo en su primer día como CEO de la compañía.

Eso por el lado social, en el familiar no le fue mucho mejor. Sus padres se separaron y él se quedó con su padre en Sudáfrica. Solo un dato da muestras de lo complicada que debió ser aquella relación: a día de hoy no se hablan. Así que cuando el pequeño Musk comenzó a tener edad para poder tomar sus propias decisiones se fue con su madre a Canadá, donde ya todo fue más normal. Todas esas dificultades en las relaciones sociales cuando uno es un crío y está en la edad de absorberlo todo como si fuera una esponja marcan a fuego. La esponja suele acabar convirtiéndose en piedra. Avezado en el mundo de la informática, con diez años ya programaba con soltura e incluso se ganaba un dinero con ello que luego se gastaba en cómics y en juegos de rol. No todo en su familia era negativo, con su hermano, Kimbal Musk, montó su primera empresa, Zip2.

Ya en los Estados Unidos, el sudafricano intentó emular los casos de éxito del sueño americano que retratan las películas de Hollywood, las historias de fracaso no se ponen delante de las cámaras, delatando otro rasgo de personalidad. Los emprendedores suelen tener características comunes. Tienen, lógicamente, una mayor aversión al riesgo. Es decir, que no suelen tener demasiados reparos a, por ejemplo, gastar el dinero que no tienen. Echando la mirada hacia atrás a Musk, evidentemente, la jugada la salió bien. Logró despertar al sueño americano en un nicho de dólares que le permitieron dar rienda suelta a muchas de sus obsesiones. Entre ellas estaba Marte, le fascina el planeta rojo, por eso cuando tuvo el bolsillo lleno montó SpaceX, su joya de la corona junto a Tesla. Esa obsesión por el planeta rojo denota que dentro aún lleva a un niño soñador. Poco maduro.

Ya de bastante adulto, Elon Musk confesó que padecía el síndrome de Asperger, una variante del autismo que algunas series de televisión como el "The Big Bang Theory" se han encargado de romantizar y disfrazar de algo que no es. Tanto que se tiende a sobrediagnosticar.

Elon Musk. EFE

Sin embargo, por su forma de actuar y por las píldoras que va dejando en su red social es poco probable que padezca ninguna clase de autismo, más bien sus altibajos son típicos de alguien que tiene un trastorno del estado de ánimo que va subiendo por la vida como si fuera en una especie de tobogán. Unos días está en la fase de euforia, en la que todo es derrochar, meterse en negocios locos y despilfarrar. Esa sería la fase dominante en su caso. Cuando está con la depre es cuando afirma sentir ese terrible decaimiento y un estrés que le va carcomiendo por dentro.

Todo bien mezcladito da lugar a una personalidad impulsiva que mide poco las consecuencias que necesita tener adicciones, como el trabajo, para evitar ser un paria social.

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