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Javier Rodríguez Muñoz

Contra el olvido: Indalecio Prieto Tuero

En defensa del político socialista después de que el Ayuntamiento de Oviedo quitase su nombre del callejero

Indalecio Prieto, en un mitin durante la II República.

Hoy, 2 de diciembre, se cumplen 85 años del intento de la gestora municipal ovetense que presidía el capitán de artillería Plácido Álvarez-Buylla y López Villamil de eliminar el nombre de Indalecio Prieto Tuero del registro civil ovetense. La propuesta había sido presentada ese día de 1937 por el gestor municipal José Rubio de la Riba y en ella planteaba se hicieran las gestiones oportunas para suprimir del Registro Civil la inscripciones correspondientes a Indalecio Prieto Tuero y a José Miaja, al que se calificaba de ex general del Ejército español. Los gastos que ello ocasionara podrían llevarse al capítulo del presupuesto municipal destinado a "la destrucción de animales dañinos en el término municipal".

La iniciativa, como ha señalado hace tiempo Antonio Masip, no era ni siquiera original, pues ya el gobernador civil de La Coruña se había adelantado con una propuesta similar para que se quitara del Registro Civil el nombre de Santiago Casares Quiroga, que era el jefe de Gobierno cuando se produjo la sublevación militar franquista, y requería también al obispo para que se procediera igualmente con su acta de bautismo.

La cordura del juez titular de Oviedo Sancho Arias de Velasco, que se negó a que se alteraran los tomos registrales, dio al traste con la esperpéntica iniciativa municipal. Unos días después, se celebró en Mahón, en el teatro Principal, un acto de homenaje al poeta García Lorca, asesinado por los fascistas en Granada. En el curso del mismo se sugirió al Consejo municipal que se declararan "hijos de esta ciudad a los ilustres asturianos Indalecio Prieto, ministro de Defensa Nacional, y general Miaja, heroico defensor de Madrid". La propuesta fue recogida por el consejero municipal Víctor Roger Pons que la presentó en el pleno municipal celebrado el 23 de diciembre de 1937. La iniciativa fue aprobada por unanimidad y se solicitó "del Director General de Registros del Ministerio de Justicia ordenara una inscripción extraordinaria en el Registro Civil de esta ciudad de los nombres de tan ilustres asturianos, comunicándose a éstos los acuerdos tomados".

El pasado 26 de octubre, la corporación municipal ovetense que preside el alcalde Alfredo Canteli procedió a ejecutar la retirada de la placa de la calle que llevaba desde 1984 el nombre de Indalecio Prieto Tuero y sustituirle por el del poeta Federico García Lorca. La fecha elegida para proceder al cambio, acordado un año antes, no parece haber sido producto del azar. Hacía apenas una semana, el 21 de octubre de 2022, que había entrado en vigor la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática. Una ley que dice en su Preámbulo, que "la historia no puede construirse desde el olvido y el silenciamiento de los vencidos", y que el Partido Popular ha prometido derogar cuando llegue al Gobierno. No deja de ser, tampoco una ironía macabra que el nombre del sustituto en la titulación de la calle sea el de Federico García Lorca, cuyos huesos yacen arrojados en alguna fosa del barranco de Víznar (Granada), como los de otros miles de republicanos asesinados sin causa tras el golpe de estado militar que dio inicio a uno de los periodos más negros de la historia de España.

Cuando en 1995 el Ayuntamiento de Madrid, presidido por José María Álvarez del Manzano y con mayoría absoluta del Partido Popular, procedió a dar el nombre de Indalecio Prieto a una calle del distrito de Vicálvaro, manifestó el citado Álvarez del Manzano que "Madrid es de todos". Lo mismo se puede repetir ahora a los grupos municipales que rigen en la actualidad el Ayuntamiento ovetense: "Oviedo es de todos", de los que les votaron y de los que no. Esta corporación municipal ovetense pasará y caerá en el olvido, pero el ovetense Indalecio Prieto Tuero seguirá ocupando por derecho propio, pese a quien pese, un lugar destacado en la historia de España del siglo XX.

Es obvio que tras más de medio siglo de protagonismo político, en primera línea, en un periodo tan convulso como fue el de buena parte del siglo XX, haya en la actuación de cualquier político luces y sombras. La grandeza de Indalecio Prieto es que siempre tuvo la valentía de reconocer sus errores, entre ellos el de su participación en la Revolución de Octubre. El 3 de marzo de 1942, enfrascado de pleno en la reconciliación de los españoles, manifestó: "No se podrá dar un paso en firme antes de que todos confesemos, arrepentidos, nuestras culpas, sin importarnos que éstas nos anulen, porque los hombres –vencedores y vencidos– pasan, y España queda. O debe quedar. Y a fin de que quede España, la concordia ha de extinguir los rencorosos afanes de mutua venganza".

Indalecio Prieto Tuero, aparte de su talla y valía política, demostrada con creces en cuantas responsabilidades asumió a lo largo de su vida, tuvo una especial empatía que le hizo contar entre sus amistades a personalidades de todo el espectro político e ideológico. Manuel Rodríguez, "Manolete", torero que fue leyenda en la España del siglo pasado y hombre de derechas, con ocasión de viajar a México a recibir la alternativa en la plaza El Toreo de la capital azteca, en 1945, manifestó su deseo de conocer a Indalecio Prieto. Tras una comida con diversos comensales, fue invitado por el político a hacerlo en su domicilio, lo que aceptó al torero. Al despedirse, Manolete entregó una fotografía suya al político con la siguiente dedicatoria: "A Indalecio Prieto. De español a español. Manuel Rodríguez, Manolete". Prieto siempre fue, además, amigo de sus amigos y respetuoso de la valía de sus adversarios. Durante la Guerra Civil hizo numerosas gestiones, que están documentadas, para salvar a relevantes personas del bando contrario.

Entre sus cuantiosos amigos vamos a citar a dos destacados artistas. Uno es el escultor ovetense Sebastián Miranda, hombre también de derechas, con quien mantuvo una interesante correspondencia desde el exilio en México que recientemente ha pasado a formar parte del legado de este artista que se custodia en el Museo Jovellanos de Gijón. Católico a machamartillo y hombre de derechas era el gran arquitecto bilbaíno Ricardo Bastida y Bilbao, autor del modernista edificio del Banco de Bilbao en la madrileña calle de Alcalá y de los más señeros edificios de este estilo en la ciudad de Bilbao en el primer tercio del siglo XX. Se conocieron cuando siendo muy joven Prieto fue elegido concejal del Ayuntamiento de la capital vizcaína, en la que Bastida era arquitecto municipal, y a pesar de militar en campos políticos enfrentados mantuvieron la amistad a lo largo de toda su vida. Cuando Prieto estaba convaleciente de sus dolencias cardiacas en San Juan de Luz (Francia), en pleno franquismo, Ricardo Bastida atravesaba la frontera regularmente para visitarlo y conversar con él.

Pese a la participación de Prieto en la Revolución de Octubre, el Ayuntamiento de Madrid acordó por unanimidad el 12 de junio de 1936 conceder la medalla de oro de la ciudad a D. Indalecio Prieto. El periódico "La Voz de Asturias" recoge en su edición del 13 de junio de 1936 esta noticia, destacando que se pronunciaron "elogiosas frases por los representantes de las minorías monárquica, cedista y centrista". Para quien no lo sepa, la CEDA era entonces una coalición de partidos de derecha liderada por José María Gil Robles, uno de sus grandes rivales en la vida política.

Para acabar, este periódico, entonces diario oficial del Movimiento, recogía el 14 de febrero de 1962 la noticia de la muerte en México, a los 79 años de edad, de Indalecio Prieto. Los términos en que está redactada la información, recordando que había sido ministro de Hacienda y de Obras Públicas en el primer periodo de la Segunda República y de Defensa en uno de los gobiernos "rojos" durante la Guerra Civil, a pesar de la época, no tiene nada que ver con la agresividad e intolerancia con la que se manifiestan contra él miembros de la actual corporación municipal y algún plumista espontáneo.

Prieto, como han señalado multitud de historiadores, fue un adelantado de la política de conciliación que presidió nuestra Transición. Su tarea fue reconocida por el padre Pedro Arrupe, general de la Compañía de Jesús y autor de un famoso catecismo, que en 1959 escribió a Indalecio Prieto, a quien no conocía personalmente, una carta en la que declaraba: "Ud. con entera buena voluntad procura ser útil para los demás y trabaja para que esta humanidad, cada día más desgraciada aun en medio de los adelantos técnicos modernos, se acerque y pueda gozar de la felicidad que todos ansían. Eso mismo pretendo yo: el camino y modo es muy distinto, pero el fin pretendido tiene muchas semejanzas".

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