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Laura Bonavera

Asturianas con ciencia

Laura Bonavera

Profesora titular en la Universidad de Oviedo

La fascinación por el Universo

El viaje de una cosmóloga italiana hasta estudiar las galaxias desde Asturias

Laura Bonavera, profesora titular en la Universidad de Oviedo, obtuvo su doctorado en 2011 en el International School for Advanced Studies, en Italia, en cotutela con CSIRO Astronomy and Space Science y ATNF (Australia). Durante sus años posdoctorales en el Instituto de Física de Cantabria estuvo trabajando en la misión espacial Planck (ESA). Ha publicado más de 120 artículos científicos en revistas internacionales de alto factor de impacto.

Soy italiana, de cerca de Roma, y vivo en Asturias con mi marido asturiano desde hace más de siete años. Nos conocimos trabajando juntos en Italia y decidimos intentar volver a su tierra, que me encantó ya desde la primera vez que vine como turista y probé el cachopo, el cabrales y la sidra. Con mucho esfuerzo, y suerte, nuestro deseo se hizo realidad y ahora soy profesora titular del departamento de Física y miembro del ICTEA (Instituto de Ciencias y Tecnologías Espaciales de Asturias).

Desde niña siempre quise ser científica, aunque no tenía bien claro en qué dirección. Me fascinaba todo lo que tenía que ver con entender cómo funciona el mundo y el Universo.

Durante el instituto conocí la Física y tuve claro como quería seguir mis estudios. Estudié en Roma, en la Universidad la Sapienza, desarrollando en mi tesis de máster la electrónica de lectura de unos sensores para un experimento de Cosmología.

La Cosmología es una rama de la Astrofísica que estudia el Universo como un todo: su inicio, composición, evolución y posible fin. De hecho, estas ramas tienen gran importancia para la sociedad dado que pueden responder de manera profunda a alguna de las grandes preguntas de la humanidad: de dónde venimos, si estamos solos y a donde vamos. Y lo más interesante es que, aunque hayamos observado con detalle una gran parte del Universo visible, ¡solo podemos afirmar que conocemos el 5% de la composición del mismo! El resto tratamos de explicarlo mediante los conceptos de materia oscura (26%) y energía oscura (69%).

Para intentar obtener información sobre la materia y la energía oscura hay varios métodos que se basan en estudiar distintos observables cosmológicos. En mi grupo, por ejemplo, estudiamos las posiciones, forma y brillo de millones de galaxias y como se ven modificadas por el efecto de lente gravitacional. Lo que se vio ya con las primeras medidas es que la cantidad de materia necesaria para explicar estos efectos era muy superior a la masa total ordinaria que podíamos ver. Así que mediante la medición y análisis de dichos efectos tratamos de caracterizar la cantidad y posible naturaleza de la materia oscura. Además, si dicho estudio lo repetimos para distintas etapas en la evolución del Universo, podemos estudiar los posibles cambios en el ritmo de su expansión, que están directamente relacionados con el efecto de esa hipotética energía oscura.

Otro de los observables más importantes es la Radiación Cósmica de Fondo (CMB por sus siglas en inglés). Se han construidos varios satélites para medir con una precisión cada vez mayor las anisotropías de la CMB (minúsculas variaciones espaciales de su temperatura): COBE, WMAP, Planck. Y fue precisamente gracias a COBE, cuyos resultados empezaron a hacerse públicos cuando estaba en el instituto, que empezó mi interés en la Cosmología. Y resultó que años después acabé dedicando una parte importante de mi carrera a su sucesor Planck (ESA).

El problema es que cuando un instrumento como Planck observa el cielo, también observa toda radiación adicional emitida entre nosotros y el CMB, como por ejemplo, la emisión de las galaxias lejanas o la de nuestra galaxia. Para tratar de eliminar la emisión de las galaxias, durante mi doctorado (que fue compartido entre Italia y Australia) utilicé el radio telescopio australiano ATCA para observar casi 500 galaxias al mismo tiempo que Planck. El análisis de los datos la hice en el norte de Italia, en la International School for Advanced Studies en Trieste. En esos años conocí una gran parte de mis mejores amigos, con los que he conseguido seguir en contacto, a pesar de que la mayoría nos fuimos de Italia con contratos posdoctorales en distintos países y que ahora para tomar un café juntos tenemos que coger varios aviones.

Yo llegué al Instituto de Física de Cantabria, donde me dediqué a la eliminación de otros contaminantes de la CMB mediante la aplicación de técnicas estadísticas avanzadas. La experiencia de esos años me ayudó a darme cuenta de la necesidad cada vez más creciente en la Física del desarrollo de técnicas de aprendizaje automatizado ("Machine Learning") para el análisis de datos. Por ejemplo, ahora mismo estamos intentando mejorar el proceso de limpieza del CMB mediante redes neuronales con resultados muy positivos. Gracias al ambiente multidisciplinar del ICTEA, cada vez mi trabajo se centra más en el desarrollo de este tipo de técnicas y su aplicación en otros campos distintos de la física.

Al mismo tiempo que sucedían estas cosas en el ámbito científico fui madre de dos niñas. Antes de tener a Layla, mi primera hija, lo pensamos mucho. En general la carrera científica en las primeras etapas se basa principalmente en contratos muy cortos (normalmente de año en año) con muy poca seguridad de trabajo. Y esto ocurre justo en el periodo de la vida de una mujer que es cuando necesita tener hijos (si quiere). Además, tener hijos implica necesariamente un parón en la carrera debido al periodo de la maternidad, cuando el bebé te absorbe totalmente. Luego, aunque vuelvas al trabajo, no puedes viajar a conferencias porque no hay baby-parking. Sin olvidar que se recomienda amamantar los niños hasta dos años o más, así que no puedes dejarlos por más de unas horas. Trabajando en Planck siempre había mucho trabajo y poco tiempo para obtener los resultados, así que con un bebé fue todavía más duro: muchas veces me encontraba con una mano trabajando en el ordenador y la otra acunando a la niña. Sin desanimarme seguí compaginando trabajo y familia, y al venirnos a Asturias tuve a Naya, mi segunda hija.

Después de la maternidad tuve la oportunidad de seguir con mi investigación en la Universidad de Oviedo. Es en esta institución donde sigo trabajando y encontré hace poco una estabilidad laboral que me permite seguir viviendo mi sueño desde niña de ser científica.

A pesar de las dificultades, la investigación es una experiencia que recomiendo a toda persona que se sienta atraída. Es una aventura continua, llena de recompensas tanto a nivel personal como profesional, de situaciones inolvidables que te acaban acompañando por el resto de tu vida... En particular animo a las jóvenes a que se interesen por la ciencia, porque se necesita nuestro punto de vista, nuestra manera de trabajar y de afrontar los problemas.

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