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Oscar Buznego

La presentación de Diego Canga

Convertir a la sociedad asturiana en protagonista principal del futuro de la región, el gran reto del candidato del PP

En su comparecencia de fin de año ante la prensa, Feijóo anunció que el PP haría público un plan de calidad institucional, con el propósito de restablecer el respeto a la Constitución y el prestigio de la política, en consideración a los ciudadanos, principio y fin de la actuación de todo poder público. No será, desde luego, el primer catálogo de medidas regenerativas de la democracia española. De Aznar en adelante, todos los presidentes del Gobierno han dado prioridad a este asunto, pero luego se han olvidado de él.

La Constitución de 1978 exige que la estructura y el funcionamiento de las organizaciones políticas sean democráticos. La propia ley que regula la vida de los partidos reitera esta condición y establece el derecho de los afiliados a elegir y a controlar a sus dirigentes, y la periodicidad mínima para su renovación. Los estatutos del PP cumplen estos requisitos, pero en Asturias el PP está vulnerando sus estatutos y la ley, y por tanto faltando al respeto que merecen sus miembros. Sobrepasados con creces todos los plazos legales fijados en la ley y en las normas internas del partido, no hay excusa que justifique la demora en la convocatoria del congreso pendiente. La falta no debe ser pasada por alto, además de lo dicho, que es suficiente razón por sí misma, porque ha dado pie a utilizar una vía excepcional para la designación de una lista completa de nuevos dirigentes. Para ser competitivo, un partido debe tener en orden sus cosas.

Aunque el hecho de asumir plenos poderes de esta forma extraordinaria puede ocasionarle algún problema al menos hasta el día de las elecciones, y después al partido, la anomalía congresual no invalida en absoluto la nominación de Diego Canga. Y esto es ahora lo que reclama la mayor atención de los asturianos. Diego Canga es un candidato diferente. Al contrario que todos los que han ejercido la presidencia de la Comunidad Autónoma, no ha sido diputado, alcalde o consejero. Sin embargo, gracias a los cargos de confianza que ha desempeñado conoce la política entre bastidores al más alto nivel. No está afiliado al PP ni es un personaje de la política asturiana, debido a la lejanía física impuesta por su actividad profesional en la Unión Europea, pero no cabe duda alguna de su asturianía, como tampoco de estar bien informado de la actualidad regional y de su fehaciente compromiso con Asturias.

Diego Canga. Irma Collín

La política asturiana permanece estancada desde hace tiempo. Los nuevos partidos no han conseguido depurarla e imprimirle el necesario dinamismo. Podemos, Ciudadanos, Vox, Foro, todos juntos, han perdido su oportunidad por carecer de fuerza o por seguir estrategias desacertadas. La decisión de Diego Canga de participar en nuestra vida pública debe ser bien recibida, con agradecimiento, al margen de las afinidades ideológicas y las preferencias electorales. Sería una necedad por parte de la sociedad asturiana desaprovechar la ocasión que nos brinda de experimentar el contacto con la cultura política imperante en Europa, en particular en lo que se refiere a la relación entre los políticos y los ciudadanos, y a la elaboración y gestión de las políticas públicas.

El reto de Diego Canga es derrotar al PSOE en las autonómicas de mayo. Las expectativas generadas por su candidatura no tienen aún reflejo en los sondeos. Los dos últimos publicadas conceden al PP escasas opciones de triunfo. El CIS, sin hacer estimación de voto y de escaños, dando por supuesta una lista de Podemos en coalición con IU, registra como única novedad respecto al resultado de 2019 la práctica disolución electoral de Ciudadanos y Foro. El de Sigma2 reduce la ventaja del PSOE sobre el PP a siete puntos y cuatro escaños, una diferencia que permitiría a los socialistas formar gobierno otra vez con el apoyo de Podemos e IU.

Los asturianos son los españoles que se sitúan más a la izquierda y, a la vez, según el CIS, solo Canarias nos supera en el porcentaje de indecisos. La misión de Diego Canga no es imposible, pero sí difícil. Quizá no le baste con recoger los votos huérfanos de Ciudadanos y Foro. Es posible que tenga que animar a votar a algunos de los muchísimos abstencionistas, recuperar viejos apoyos instalados a su derecha o persuadir a votantes que pululan al otro lado de la divisoria partidista. En sus primeras manifestaciones ha optado por ofrecer su cualificación, su agenda en Bruselas y su determinación para invertir la tendencia descendente de Asturias. La región, en efecto, está en una situación que hace aconsejable evitar cualquier malentendido. Los asturianos hemos visto pasar unos cuantos políticos talismán en cuyas manos nos abandonamos por comodidad o por carecer de la confianza precisa. Sugiero a Diego Canga que aclare si se propone como uno de ellos o lo que pretende es implicar a la sociedad asturiana en un plan estimulante y esperanzador del que sea ella la protagonista principal. Asturias anda renqueante, pero los asturianos no deberíamos aspirar a caminar del brazo, sino erguidos, y a valernos por nuestras propias fuerzas, claro está con las ayudas imprescindibles. Si esto es así, escucharemos a Diego Canga con verdadero interés.

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