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Francisco García

Mentiras como un tren

En la barra del bar cerca de La Escandalera donde cada jueves toman el vermú cuatro amigos de siempre se abrieron apuestas, tras conocerse, por boca de la Losa de la AMSO, que la Variante de Pajares no estará operativa antes de las elecciones de mayo, para pozo del gozo del presidente Barbón, que ha visto como la imprevisión, los dislates y las promesas incumplidas han convertido en agua de borrajas su íntimo anhelo de presentar la actuación faraónica como grandiosa baza electoral. Un jarro de agua fría también para el PSOE asturiano, caída a chorros de los acuíferos desecados de la Cordillera a cuenta de tamaña obra.

La apuesta la lanza uno de los cuatro contertulios: “¿A qué no comparece mañana Barbón echando cagamentos por este nuevo escándalo?”. Y la dobla otro de los tres restantes, más avispado: “¿Qué te juegas a que sale y dice que sería irresponsable abrir en mayo si supone un riesgo para la seguridad de los asturianos?”.  ¡Acierto pleno, premio para el caballero! De tal calado fue el día después la declaración del preboste asturiano para justificar lo injustificable y defender lo indefendible. Un cagajón de campeonato.

Después de casi dos décadas de obras, cuatro presidentes de Gobierno y once ministros de Fomento nos contemplan. Sorprendidos todos ellos como Napoleón a la vista de las pirámides, salvo que en este caso la sorpresa no se refiere a la innegable magnitud del portento de ingeniería sino a la innumerable paciencia de los asturianos. Y al escaso peso político de sus parlamentarios, cuya proverbial insignificancia ha conseguido que en esta región las vacas flacas sean ya paupérrimas.

La más reciente de Barbón es la última de los cuatro mil millones de disculpas que suma y acarrea la triste historia del segundo túnel más largo construido en España. Tantas justificaciones como euros enterrados en ese paso horadado sobre la dermis caliza de la Cordillera. Ya poco importa que la Variante se abra este verano, en el otoño o en vísperas del invierno, cuando estén al caer las proximidades de los comicios generales. A ver si va a ser que el uso electoralista de la obra lo va a necesitar más Pedro Sánchez que Barbón… Se admiten apuestas; hagan juego, señores.

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