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Francisco García

La media naranja de Ciudadanos

Todos los grandes partidos políticos de este país han cometido errores enormes, pero a ninguno se le han tenido tanto en cuenta como a Ciudadanos, una formación que aspiró a ocupar con suelo firme el espacio de la equidistancia y a punto estuvo de conseguirlo. A los naranjas no se les perdona -a Albert Rivera, para ser más certeros- que su falta de acuerdo con el PSOE permitiera la llegada de Podemos al Gobierno. Nunca sabremos qué habría pasado en este país si en 2019 Ciudadanos hubiera pactado con los socialistas. Seguramente Sánchez habría extraído todo el zumo del cítrico y habría echado al poco la cáscara al cubo de la basura, pero tal vez los españoles nos habríamos evitado algunos de los mayores dislates cometidos desde la restauración democrática.

Aspirar a gobernar es el objetivo primordial de cualquier fuerza política de implantación general, pero cuando no se puede alcanzar ese fin hay que encontrar el sitio en ayudar al gobierno de otros, con controles y garantías, imponiendo condiciones que repercutan en el beneficio común. Ciudadanos olvidó que a veces es mejor ser media naranja que naranja entera. Aún así, la factura pagada es elevadísima. Donde otros encuentran crédito innumerable pese a su insolvencia, los centristas hallan la ventanilla cerrada. La factura se antoja elevada.

Un partido político que se hizo notar con una fotografía de su primer líder desnudo llegará a las elecciones de mayo prácticamente en pelotas. Una mala noticia para quienes en este país piensan que hay vida política más allá de la polarización de izquierdas y derechas; para quienes entienden que la moderación, el buen juicio y el sentido común tienen cabida necesaria sobre un tablero en el que abunda lo contrario.

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