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Pedro de Silva

Por un consumo político responsable

En España el centro político, como el menisco en la rodilla, vino siendo una almohadilla cartilaginosa que amortiguaba las fricciones del bipartidismo. Cuando los nacionalismos moderados hacían trabajo de centro, este cumplía dos funciones de atenuación de choques: la social y la territorial. Al venirse abajo todo el invento por las tensiones sociales, España rompió el menisco, a la vez la sociedad se polarizó y los grandes partidos se fracturaron a derecha (Vox) e izquierda (Podemos). Son fracturas que pueden sujetarse con una férula pero ya no sueldan y al acercarse elecciones reabren con grandes gestos de dolor, pues mientras cada extremo trata de afirmar su extremismo el mayoritario respectivo se lanza en busca del centro perdido. El consumidor político (o sea, el elector) haría bien en no dejarse impresionar por los teatrales alaridos, para que no jueguen con él más de la cuenta.

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