Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Manuel Gutiérrez Claverol

¿Existirá vida en Marte?

Vestigios esperanzadores de la existencia de arcaicos organismos unicelulares, aunque ninguno concluyente

Pongámonos en situación. ¿Se acuerdan de la película de ciencia ficción "La guerra de los mundos"?, dirigida por Steven Spielberg, y basada en la novela homónima del escritor inglés H. G. Wells publicada a finales del siglo XIX. La invasión extraterrestre narrada creó alarma social, provocó escenas de pánico e hizo suponer que habíamos sido invadidos por los marcianos, reforzando la creencia de que en el planeta rojo existía vida.

En el inicio de la era espacial, el Mariner 9, primer satélite artificial que llegó a Marte en 1971, descubrió que este astro estaba compuesto por casquetes polares de hielo y numerosos cráteres. Alguno, como el monte Olimpo, con una altitud 2,5 veces superior a la del Everest –indicativo de un vulcanismo acontecido sobre un punto caliente inamovible, favoreciendo así grandes acumulaciones de lava basáltica–, lo cual unido a la ausencia de sismicidad, confirma que se trata de un planeta tectónicamente muerto. Otro hallazgo sorprendente es la existencia en la zona ecuatorial de gargantas y profundos cañones interconectados entre sí (Valles Marineris), explicados por el desplazamiento de grandes fallas comparables a las del rift africano.

La exploración somera realizada, desde la sonda Viking en 1976 hasta la Misión Mars 2020 con su rover Perseverance, revela un paisaje geológico familiar por el gran parecido con determinados lugares geográficos, por ejemplo, Lanzarote o Islandia. Aparte de los omnipresentes cráteres –sean volcánicos o de impacto–, se descubren geomorfologías derivadas de la acción del agua y el viento. En efecto, el flujo hídrico fue habitual durante varias etapas de la historia marciana, creando una red de valles con los asociados procesos de sedimentación (abanicos aluviales, cauces meandriformes, deltas fluviales), amén de lagos e incluso océanos; a partir de la desecación del espacio exterior planetario, adquirió protagonismo el viento, engendrando campos de dunas (puntualmente la arena se encuentra transformada en arenisca) y la apariencia de petrologías erosionadas por la percusión de la arena eólica (ventifactos).

En base a su imagen geológica inhóspita, la comunidad científica descarta la certidumbre de vida en Marte en el presente; no obstante, hubo condiciones propicias de hábitat en el pasado remoto, barajándose la posibilidad de su existencia cuando la atmósfera era adecuada y el agua fluía por su topografía.

Los conocimientos actuales requieren como condición sine qua non para generar vida la disponibilidad de agua líquida. Con una temperatura exterior variable entre -70 ºC y -100 ºC, hasta ahora solo se ha detectado agua en estado sólido (hielo), pero se especula que en el subsuelo pueden darse condiciones ambientales para mantenerla fluida.

Este planeta constituye un objetivo preferente dada su proximidad a la Tierra. La sonda espacial Phoenix de la NASA alcanzó Marte en 2008 y comprobó que cuando la temperatura se eleva por encima de cierto límite, el hielo se sublima, convirtiéndose en vapor (descubierto en su atmósfera) sin pasar por la fase líquida. Sin embargo, este cambio físico no ocurre en los casquetes polares, a gran escala, al estar protegidos de la radiación por arena y polvo. Por su parte, la misión Curiosity, que incluye un astromóvil o rover de exploración para recorrerlo desde 2012, encontró materia orgánica que no representa vida per se.

Otra significativa fuente informativa la proporcionan los meteoritos provenientes de Marte, aportando indicios de posibles moléculas orgánicas naturales y/o probables fósiles microscópicos, similares a estructuras filamentosas (nanobios) o a nanobacterias, además de otras trazas interpretadas de origen biológico. A la luz de investigaciones recientes sobre la resistencia de microbios en laboratorios y en profundidades de nuestro orbe, no se desecha que su subsuelo no sea tan inerte como la superficie y en él pudieran existir arcaicos organismos unicelulares en estado de latencia contenidos en el hielo. Es importante poner de relieve que en la exploración del espacio se adoptan las máximas precauciones para no provocar una contaminación con microorganismos terrestres.

Perseverance localizó, en noviembre de 2022, conglomerados de cantos rodados, similares a los desarrollados en nuestros ríos; asimismo el estudio de rocas ígneas marcianas muestra evidencias de minerales secundarios formados por la actuación del agua, manifestados por la alteración de olivinos o la formación de carbonatos, yesos y arcillas, del mismo modo que sucede aquí.

Estos hechos demuestran condiciones favorables de habitabilidad: temperatura, ambiente, geoquímica, agua líquida, compuestos orgánicos aromáticos…, lo que no implica, ni sugiere, que hayan originado condiciones vitales. Aún no se han hallado biomarcadores, o sea, sustancias orgánicas cuya aparición solo puede explicarse mediante la actividad de organismos vivos.

Si bien no se han encontrado pruebas axiomáticas de presencia biológica en el planeta rojo, del tipo de rocas sedimentarias causadas por bacterias antiguas o una diversidad de compuestos orgánicos complejos, no es descartable que el subsuelo del Marte ancestral fuese habitable para microorganismos que se alimentaban de hidrógeno y producían metano. De haber existido vida, ésta debía ser primordial y se extinguió probablemente hace ya más de 3.000 millones de años, durante el eón arcaico. De todas maneras, se deberá esperar a disponer de datos inéditos para concluir de forma fehaciente.

Compartir el artículo

stats