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Millas

El trasluz

Juan José Millás

Biografías lectoras

Eso a lo que nos solemos referir en tono de condescendencia, cuando no de desprecio, como "las historias del abuelo" son relatos-refugio. Alcanzada cierta edad, la memoria de los individuos lleva a cabo una selección de los hechos que marcaron sus vidas y construye con ellos una antología de momentos-cumbre existenciales que funciona, cuando funciona, como el último reducto de la identidad. La identidad posee, pues, las calidades de un habitáculo en el que durante la vida activa vamos abriendo habitaciones que, cuando llega la jubilación, empezamos a cerrar de manera metódica. La última de estas habitaciones se cierra con la muerte. A veces, de un portazo.

Las historias del abuelo.

La historia de la literatura constituye en cierto modo la colección de relatos-refugio de la humanidad, que también envejece y también desaparecerá. Necesita por tanto vertebrar una historia sintética de sí misma. Ahí están, en primer lugar, los cuentos de la tradición oral, todavía vigentes, seguidos de las grandes piezas escritas desde los griegos hasta nuestros días (por lo que se refiere a Occidente, al menos). En los manuales de literatura se cita siempre a los mismos (los clásicos) porque sus historias tuvieron una capacidad de metaforizar la realidad superior a la de aquellos que no superaron la criba del tiempo. No hay ningún manual alternativo en el que se haya eliminado a Dante o a Petrarca o a Cervantes o a Flaubert o a Tolstoi…

Podríamos decir entonces que la humanidad es un poco pesada porque siempre vuelve a las mismas historias. Podríamos decirlo, desde luego, y quizás algunos estudiantes lo digan.

–Ya está usted otra vez con Shakespeare.

Para mí, Kafka es un autor de relatos-refugio. En esas épocas en las que uno, por lo que sea, no encuentra consuelo en lectura alguna, yo abro "La metamorfosis" no tanto para leerla como para refugiarme en ella. Me refugio también en "Crimen y castigo" o en "Madame Bovary" o en "El ruido y la furia", entre otros muchos libros que forman parte de mi biografía lectora. Cada vez son menos porque he comenzado a cerrar ya algunas habitaciones. Me pregunto cuál será la última. La del portazo.

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