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Opinión | Crítica / Danza

La belleza del baile

El New York City Ballet triunfa en sus primeras actuaciones en Madrid, en el Teatro Real, con un programa variado

Hubo que esperar 75 años para que por fin el New York City Ballet una de las compañías más importantes del mundo, fundada en 1948 por el ruso George Balanchine y el millonario norteamericano Lincoln Kirstein, actuara por primera vez en Madrid. Ha sido en el Teatro Real. Lo hizo con tres piezas, entre ellas «Serenade», obra emblemática del ideal coreográfico de su autor, que fue la que abrió la función. Esta creación se pudo ver en Madrid en 1983 cuando Ricardo Cue fue a ver a Balanchine a Nueva York para obtener este ballet que nuestra Compañía Nacional representó en varios teatros de España. La obra de1934 fue la primera que el coreógrafo creó en Estados Unidos. El genio ruso aprovechó algunos acontecimientos sucedidos durante su montaje para crear una de sus piezas más brillantes. Al levantarse el telón se ven 17 bailarinas estáticas con el brazo derecho totalmente levantado vestidas con tutús románticos azul cielo, bañadas con una luz azul noche. Con ésta imagen y la cautivadora «Serenata para cuerdas» de Tchaikovsky, empezó el baile y ya fue un constante regocijo hasta el final. «Serenade» expone una coreografía dinámica, vivaz, elegante y con fuertes acentos balanchinianos creada para disfrutar de la belleza del baile y su relación con la música. El ruso ensambla fragmentos de la historia como la estética romántica y la claridad clásica. Ha sido puro Balanchine, puro Tchaikovsky, puro baile. Aunque faltó esplendor.

Siguió «Square dance» de 1957 revisada en 1976. Otra magnífica composición de Balanchine que representa una fusión del léxico del ballet clásico con un sutil espíritu del folclore americano bailada a los acordes de la música barroca de Vivaldi y Corelli. El conjunto, vestidos muy sencillos de blanco y gris, dio vida a los patrones geométricos de Balanchine en una exigente y burbujeante coreografía en la que se inserta un sentimental «pas de deux» y un solo melancólico. Se cerró con «The Times Are Racing» (2017) de Justin Peck (coreógrafo de la nueva versión de Spielberg de «West Side Story») con música electrónica de Dan Deacon. No es innovador pero es impactante por sus movimientos explosivos y agresivos. Es un ballet con zapatillas deportivas y ropa callejera cotidiana que evoca un caos. Como acto de protesta las camisetas ponen «defy», «shout», «change». Son 20 bailarines, un grupo de jóvenes rebeldes que forman barullos y que se expresan de forma radical y bulliciosa. El baile es muy variado e incluye el «breakdance». Termina con todos los bailarines exhaustos y desplomados en el suelo.

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