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La encuesta que Tezanos no hará

Si el CIS y su presidente tuvieran la valentía de sondear a los ciudadanos en una encuesta de amplio espectro con una sola pregunta y tres alternativas: ¿Cómo prefiere que se gobierne España en los próximos cuatro años? ¿Con el PP en minoría, el PSOE en coalición con una amalgama de siglas que incluye a separatistas o mediante un acuerdo de los dos partidos mayoritarios? nadie dudaría en este momento que la tercera solución saldría elegida por mayoría aplastante. No existe en este país y en este momento mayor unanimidad.

El veredicto de las urnas ha sido diáfano para el buen entendedor: la ciudadanía exige un regreso a la centralidad, un alejamiento de la polarización y de los extremismos de todo signo. En el espacio que ocupan los 260 escaños de las dos fuerzas políticas mayoritarias se encuentra la razón de esa exigencia. Ha llegado la hora crucial de anteponer el bien común a los intereses partidistas.

Que la gobernabilidad de España pueda depender no solo de una retahíla de siglas separatistas sino de un prófugo de la Justicia debería hacer reflexionar a un presidente perdedor en las urnas que se aferra con desesperación a la aritmética para mantener el poder a toda costa. Trasladar Waterloo a Madrid se antoja una bomba de relojería cuyo estallido podría acarrear nefastas consecuencias.

PP y PSOE, los únicos partidos que ganaron votos en las elecciones del pasado domingo, están obligados a pactar las reformas urgentes que el país reclama y que están minando de manera miserable el Estado de Derecho, como el bloqueo del Consejo General del Poder Judicial. Contra los que ponen precio a la autodeterminación hace falta determinación. Es la hora de un pacto con miras de Estado o correr el riesgo de que el Estado tal como los conocemos salte en pedazos.

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