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Barbón y los milagros de la Santina

A muchos socialistas ateos y a otros tantos de gusto agnóstico les rechina que el presidente de Asturias salude con reverencia la mano del anillo episcopal, participe en actos religiosos y bese la Biblia antes de prometer el cargo con la mano sobre las tapas de un ejemplar de la Constitución. Aún consideran más detestables esos gestos del prócer los defensores a ultranza del laicismo, que también son legión. Además de crédulo, Barbón es creyente. No lo esconde y no deberían perder de vista sus correligionarios más críticos que su actitud responde a una línea de compromiso que procede de la Doctrina Social de la Iglesia y que llevó a partir de los años sesenta del pasado siglo a muchos cristianos de este país a tomar conciencia de clase y a afiliarse al PSOE desde la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC).

Que Barbón atribuyera a un milagro de la Santina que el accidente del autobús de la carretera de los Lagos se saldará sin víctimas mortales exasperó una vez más a los detractores de sus creencias más íntimas, pese a que la frase debe entenderse en un tono coloquial, de alivio ante lo que pudo ser una terrible tragedia y se quedó en un susto.

No hay duda que Barbón daría el pego adornado por los honores del báculo y la mitra, pero para no contrariar a cierta izquierda escasamente tolerante con los credos convendría que el Presidente deje de utilizar expresiones como a Dios rogando y con el mazo dando cuando haya que poner a sus consejeros manos a la obra. Ni que recomiende madrugar a sus administrados para alcanza la ayuda divina. Entienda Don Adrián que, en vista de la ridiculez de la crítica a sus creencias, resulta razonable pensar que Dios suele dar pan a quien no tiene dientes. Que de todo tiene que haber en la viña del Señor y que cada uno es como Dios le hizo y aún peor en muchas ocasiones. 

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