Sol y sombra

El interés general ausente

Luis M. Alonso

Luis M. Alonso

Pedro Sánchez se volvió ayer por un minuto transparente y dijo sobre la amnistía que "no habrá acuerdo hasta que todo esté acordado". Claro, claro. La expresión obvia por parte de alguien que no siempre sabe por donde salir es en sí misma propia de Groucho Marx y enlaza con el grouchomarxismo que ya conocemos de "tengo unos principios pero si no les gustan también tengo otros". Las obviedades y las perogrulladas responden a una estrategia huérfana de razón y de sentido, ajena a los intereses generales, que final y tristemente conduce a los españoles a una discusión diaria: a dividirlos y enfrentarlos como nunca había sucedido en los años de la democracia. ¿Merece tanta tensión social, ansiedad e inquietud el futuro político de un fulano en la Moncloa?

La claudicación de un partido de Estado, como es el PSOE, ante el independentismo que maneja la llave de la gobernabilidad, una fuerza tan extrema como minoritaria, es, se mire por donde se mire, un auténtico disparate. Partiendo de que en cualquiera de los ejemplos, más o menos extrapolados en el tiempo y en las circunstancias, que se quieran poner sobre las amnistías, no existe ningún caso en el que el beneficiario de la medida de gracia no se haya mostrado arrepentido de lo que hizo o del delito que cometió. Salvo en el caso catalán que nos ocupa, donde cualquiera saca pecho y se jacta de tener la mayoría en un puño. No hace falta siquiera entrar a razonar sobre la inconstitucionalidad de la amnistía, a la que se le está buscando entre los rábulas sino se le ha encontrado ya un atajo, es suficiente con preguntarse cuál es su sentido y su necesidad, cuáles las repercusiones que acarrearía sobre el conjunto de los ciudadanos, el destino de una nación, la igualdad y la justicia. Es la ley subyugada a los intereses de un ejecutivo, y un poder democrático solapado por otro. La democracia vivirá en fuera de juego.

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