Opinión
La Asturias rural de Rodrigo Cuevas
Un modelo artístico que bien puede aplicarse al desarrollo del campo regional
No será la primera vez, ni seguramente la última, en la que mezcle desarrollo rural, Asturias y Rodrigo Cuevas para avanzar hacia un concepto moderno, transgresor y de futuro con el objetivo hacer mejor nuestra región. El futuro nos acecha y el presente ya casi es pasado, por lo que hacen falta más ideas y menos lamentos para aprovechar todo lo que nuestros campos, bosques, ríos y montañas nos están ofreciendo.
Cuando a Rodrigo Cuevas le dieron el Premio Nacional de Músicas Actuales, el jurado destacó la singularidad de su obra, con una propuesta que aúna la música tradicional folclórica y la música popular contemporánea, así como su compromiso por la diversidad y su imaginario sumamente personal. Esa visión propia dignifica y actualiza lo tradicional, respetando su esencia y modernizando su expresión.
Pues en esa exposición de méritos encontramos el nexo de la relación entre Cuevas y el desarrollo rural en Asturias. Necesitamos una nueva forma de entender el territorio, sin olvidarnos de lo tradicional, la faba o la manzana, pero sin renunciar a lo nuevo y viable, el aguacate o los cítricos. La mejor forma de defender nuestro patrimonio rural es su puesta en valor activa y no la fosilización cultural de la tradición mal entendida.
Cuando uno llega con ideas rompedoras, fuera de la ortodoxia de lo considerado tradicional en la sociedad asturiana suele generar confusión y normalmente, rechazo como le sucede a Cuevas. Pero esa crítica se fundamenta en el miedo a lo nuevo y en los prejuicios, más éticos o estéticos que culturales o musicales, que genera su figura, asociada a temas que resultan molestos a muchos como la identidad sexual o el uso del asturiano, y que cortocircuitan nuestra opinión pública. Hasta la fecha las personas que han criticado al artista manifiestan no haber escuchado nada más que una o ninguna canción suya. Critican las formas y no tienen ni idea del fondo, demasiados perjuicios y prejuicios para tanta frivolidad y nulo rigor en un juicio visceral y previsible.
Recuerdo en los años 70 cuando iba con mi abuelo paterno a ver a José González, "El Presi", en la Panerona del Pueblo de Asturias en Gijón. Aquel señor tan elegante, con aquellas gafas negras eternas, que cantaba de una manera peculiar y que conseguía concitar la atención de un guaje de seis años, también sufrió la crítica de la ortodoxia cultural de su época. Modernizó la canción asturiana, coqueteó con el flamenco y nos enseño que hay algo más allá de la tonada tradicional. Siempre lo hizo desde el respeto, la elegancia y con una guitarra como arma. Cuevas saca a volar muchas veces el "Xilguerin Parleru" de "El Presi" y estoy convencido que a Don José González le hubiese gustado su trino.
Recientemente Víctor Manuel manifestó que sentía envidia de Cuevas y que si hubiese nacido en esta época probablemente hubiese hecho lo mismo. Para los detractores de ambos por su ideología servirá para corroborar sus ideas preconcebidas, aunque luego hayan vaciado sus mecheros, los del siglo pasado, o las baterías de sus móviles, los del siglo actual, cantando a lágrima viva el " Asturias" del republicano Pedro Garfía.
Otro aspecto que me gusta relacionar con el futuro del desarrollo rural en Asturias es el proyecto del artista en la Benéfica en Piloña. Partiendo de una infraestructura que albergó desde una Sociedad de Socorro Mutuo a sala de baile o un taller, trata de recuperar la filosofía primigenia, creando un espacio en el que podamos "socorrernos" mutuamente a través de las artes y de la cultura. La solidaridad, en la tierra de las andechas y las sextaferias, debe prevalecer a todos los niveles.
Rodrigo Cuevas es futuro y presente del medio rural asturiano por su valor transgresor e integrador, muy consecuente con una realidad objetiva actual que debe aunar tradición y modernidad, sin olvidarse de su pasado, pero sin ser esclavo de él.
No conozco personalmente al protagonista de estas líneas, pero me he tomado el tiempo necesario para metabolizar su universo personal. También me apoyo en los juicios y valoraciones de otros, que sin conocerlo más que de referencias indirectas, hacen sesudos análisis, con un marcado estilo digno del más puro cuñadismo celtibérico.
Como dice "Nuberu" en una de sus canciones: "Ser asturianu nun ye, dir con montera picona, ni saber char bien la sidra, ni subir a Covadonga (…)Yo nun maldigo les coses que nos faen ser como somos, pero fai falta dicilo que arrimamos poco el hombru". Tomemos nota a todos los niveles y seamos valientes, consecuentes y prácticos, para diseñar una Asturias rural con presente y futuro, fomentando el daltonismo político en el que primen las ideas por encima de las ideologías, revisando el concepto de tradicional.
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