Los eólicos de Asturias y la dietista de Pavarotti

Francisco García

Francisco García

Soplan vientos racheados sobre el mapa meteorológico que regula las isóbaras del gobierno de la izquierda asturiana, donde confluyen tramontanas y sirocos. Al parecer, Izquierda Unida atisba polifemos asombrosos donde el PSOE planea los molinos eólicos de la descarbonización. Y hasta podíamos llegar, amigo Sancho. Unas recientes declaraciones en el Parlamento autonómico de la consejera Roqueñí, una política con menos tablas que el Excel de un jubilado, desataron la caja de los truenos; y henos aquí a los de Pravia aguardando el impacto de la borrasca, indagando si se trata de una depresión aislada en niveles altos o se queda, como parece, en agua de borrajas.

El presidente Barbón, que no quiere que a la ventolera se le asome un tornado, ha delegado la gestión de la calma chicha en su mujer del tiempo, la vicepresidenta Llamedo, la Jimena campeadora del actual gobierno autonómico. O sea, que la número dos del Ejecutivo autonómico hará las veces de verificador atmosférico de la tormenta eléctrica. Entra dentro de lo probable que, al modo Puigdemont, las negociaciones se lleven a cabo fuera de territorio asturiano, para evitar mojaduras y que el diálogo se transmita a los cuatro vientos. Se estima Rodiezmo como sede barométrica, que conviene ponerle secano a los episodios de mojadura.

De aquí a las elecciones europeas vamos a presenciar periodos esporádicos de altas presiones, de calentamiento global de las intenciones de IU para hacerse notar, pero quede tranquilo el Mariano Medina de Laviana, que no habrá galerna en la mar ni aguacero intenso tierra adentro que haga zozobrar la barca o desmadeje los palos del sombrajo. Que se olviden de la declaración de zona catastrófica quienes pretendan augurar que el pacto de gobierno asturiano tiene menos futuro que la dietista de Pavarotti.

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