Opinión | La espiral de la libreta
Los Monty Python y la izquierda adolescente
La implosión de Podemos
Más de 40 años después de su estreno, la película "La vida de Brian" (1979), de los británicos Monty Python, vuelve a revelarse muy certera en sus viejos sarcasmos. Por ejemplo, contra la inmarcesible división de la izquierda. Siguen reverberando los ecos de aquel gag genial en que los cuatro militantes del llamado Frente Popular de Judea rechazan a un nuevo miembro en su grupo, quien finalmente los convence de su ingreso en la formación proclamando su inquina eterna a los romanos. "A los únicos que odiamos aún más que a los romanos es a los cabrones del Frente del Pueblo Judaico, ¡disidentes!", espeta uno de ellos. A continuación, se lían mencionando otras siglas también escindidas (el Frente Popular del Pueblo Judaico y la Unión Popular) hasta el punto de que ni ellos mismos saben ya quién es quién.
Lo de siempre, vamos. La misma desquiciante sopa de letras que borboteaba en el caldero de la Transición entre leninistas, "troskos" y eurocomunistas, a quienes los más radicales acusaron de claudicación. La misma imagen que sugieren ahora la marcha al Grupo Mixto de los cinco diputados de Podemos, el goteo de dimisiones (en Madrid y Galicia) y la previsible concurrencia a las elecciones europeas enfrentados a Sumar. Irene Montero, la exministra de Igualdad, es la máxima favorita a encabezar esa candidatura (el sábado saldremos de dudas).
"Se veía venir". Se trata de una frase comodín que las madres de antes utilizaban muy a menudo para remachar con cierta complacencia el clavo de la fatalidad, una sentencia que, si bien fastidiosa, solía evidenciar bastante perspicacia. Se veía venir, pues, la implosión desde Vistalegre 2, con la posterior salida de Errejón, y el ensamblaje a toda prisa de Sumar, en un pispás, sin incorporarle en la maquinaria las bielas de Podemos. Demasiados egos, demasiadas capillitas, demasiado interés personal. Falta de transparencia. Bunkerización frente a las críticas. La sombra alargada de Pablo Iglesias, que se fue sin haberse ido del todo. Más ideología de laboratorio que política de andamio. Puestos a elegir, resulta preferible una sonrisa, una mano tendida, que el ceño fruncido del pitufo gruñón, pero desde la formación de Yolanda Díaz también se han cometido errores.
Soplan vientos demasiado oscuros en Europa, en el mundo, como para dilapidar el capital político cosechado en el 15M desde la indignación ciudadana. Para navegar hacia algún horizonte, hacen falta brújula, rumbo y una tripulación bien musculada. Puede que a la "nueva izquierda" le parezca periclitado el concepto de socialdemocracia, pero su afán no dista mucho de lo que se anhela ahora: esperanza. Mejores condiciones de vida y de acceso a la cultura para la mayoría, para la gente de a pie. No hay más florituras.
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