Sol y sombra

La farsa, en términos generales

Luis M. Alonso

Luis M. Alonso

Patxi López, que no suele transmitir confianza por la inestabilidad de sus planteamientos y su compromiso voluble con la verdad, ha asegurado esta vez que el PSOE no apoyará a EH Bildu para gobernar en el País Vasco y que el de Pamplona ha sido un acuerdo puntual con los herederos de ETA con el único fin de sacar al ayuntamiento de su parálisis. A Patxi no se le puede creer del todo, ya que durante años su jefe, Pedro Sánchez, aseguró que con Bildu no se acordaría nada de nada. La palabra dada es muy quebrantable para los compañeros socialistas que han encontrado en ella un arma que se encasquilla con demasiada frecuencia y resulta bastante eficaz para distanciar al ser humano, todo lo contrario de lo que escribió Michel de Montaigne al referirse a su valor.

El sanchismo ha convertido la mentira en un hábito y, asombrosamente, el fracaso en una oportunidad para seguir faltando a la verdad. Pero no parece que desdecirse e incumplir la palabra penalice en unos tiempos en que todo fluye de acuerdo con la impostura y donde los embaucadores mantienen íntegra la capacidad de convencer a los suyos con su relato excluyente. Basta con devolverle al adversario la acusación de mentiroso.

La farsa no se circunscribe a la política, aunque esta tampoco pierda la ocasión de chapotear en ella. Tenemos, por ejemplo, a Jenny Hermoso testificando ante el juez cómo la Fiscalía la animó a denunciar el beso "inesperado y no consentido" en medio de un torbellino que el propio Gobierno quiso rentabilizar. Hermoso no parece desanimada ni traumatizada: doce horas antes de declarar en un juzgado que sigue fuerte, anunciaba su fichaje por un nuevo club mexicano, y en las campanadas de Año Nuevo lucía un diseño de lentejuelas doradas para reclamar "empoderamiento". El "Financial Times" la ha nombrado segunda mujer más influyente de un planeta que por los signos que arroja parece condenarse a la banalidad más absoluta.

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