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El cometa Halley de mi abuela

Anuncios de catástrofes planetarias

Mi abuela materna había nacido en 1901 y recordaba la noticia. Según informa LA NUEVA ESPAÑA, el cometa Halley pasará lo más cerca de la Tierra en 2061. En su viaje de locura cósmica dando tumbos entre planetas, nuestro gran Sol y otras gravitaciones, se acerca a nosotros cada 75 años. El cometa lo descubrió en 1705 el astrónomo inglés Edmond Halley y, como si fuera su propio hijo, le puso su mismo nombre. La última ocasión en que fue avistado ocurrió en 1986. Y la primera vez del siglo XX fue visible desde la Tierra en 1911. No había ni televisión ni radio y la gente se informaba en los periódicos. Ríase usted de los coches de fórmula uno que pueden alcanzar los 320 kilómetros por hora con un estruendo ensordecedor. El Halley es discreto, silencioso y tal vez aburrido, porque lleva miles de años haciendo el mismo trazado por nuestro sistema solar, lo hace algunas veces a 250.000 kilómetros por hora. Estaría entretenida una competición deportiva de cometas. El problema es encontrar un circuito y poder verlos pasar a esa velocidad.

Cuando leo algo referente al cosmos me siento disminuir de tamaño hasta convertirme en un grano de arroz. Recuerdo aquella película: "El increíble hombre menguante" de 1957 dirigida por Jack Arnold según guión de Richard Matheson en adaptación de su novela. El protagonista tenía que defenderse hasta de un gato, que, para él suponía un animal mayor que un león. Así me sucede cuando entro en el mundo del gigantismo del sistema solar, no digamos de nuestra galaxia, llamada Vía Láctea, o Camino de Leche, que tiene un diámetro de unos 200.000 años luz. Ya saben que un año luz es el espacio que recorre un rayo de luz a 300.000 metros por segundo. Si lo multiplicamos por 365 días... Ahí ya me pierdo. Ni las calculadoras de los teléfonos móviles se atreven con esa magnitud. No sé cómo lo habrán medido, pero yo lo creo. Qué remedio me queda. Conservo el metro de madera amarillo oro de mi abuelo paterno, Armando, que se doblaba en diez trozos iguales. No quiero pensar cuantos de éstos serían necesarios para medir ese diámetro estratosférico. Ni medir el de las docenas de galaxias que andan dando vueltas por ahí. Este adverbio de lugar en esta ocasión pierde su legítimo significado, y debiera existir un sinónimo que pudiera usar para referirme a esos mundos a los que la imaginación le cuesta mucho llegar. Eso si lo consigue, salvo usando la fantasía.

El caso es que mi abuela Emeteria, "Nena" para el vecindario, "Mamina" para sus nietos (y no la llamaras de otra manera), nos contaba que Halley llegaba dispuesto a terminar con nuestras vidas. Mejor con las vidas de aquellos que vivían en aquella primera década del siglo XX. La gente estaba aterrorizada, algunos se metían debajo de las mesas de la cocina, otros pensaban en las monedas de plata heredadas de antepasados como arras de boda, los más querían proteger a sus familias de alguna manera. Porque todo apuntaba a que la cola del Halley, a modo de la que tienen las ballenas, pero inmensamente mayor, daría un latigazo a nuestro planeta y saltaría en pedazos como un botijo de barro al caer sobre el cemento. Ni los dinosaurios se hubieran salvado de haber vivido en esa época. Hubo incluso un agorero francés llamado Camille Flammarion que se atrevió a decir que "El gas cianógeno impregnará la atmosfera y posiblemente extinguirá toda la vida en el planeta". Y nuestros antepasados sin mascara de gas, podríamos pensar ahora. Por decir algo.

Los periódicos de la época rivalizaban por ofrecer una información favorable al fin del mundo y contrarios a este anuncio catastrófico. Y citaban opiniones de expertos que a su vez eran derrotistas, y de los que razonaban de modo sensato. Esto no quiere decir que en esa época fuera la única ocasión en que hubo esa estrategia para vender papel. Ahora pasa lo mismo con el cambio climático. Si no te apuntas a esta teoría estás perdido. La asociación "Luz de Trento" organizó a finales de 2023 una conferencia de José-Ramón Ferrandis sobre "El Cambio Climático. La gran estafa del siglo XXI". Antes denominado "calentamiento global", basado en su último libro "Crimen de Estado". En él defiende el comercio que hay alrededor de esta propaganda contra el CO2, como el enemigo número uno de la humanidad. "En los últimos 500.000 años ha habido cambios notables en el clima de la Tierra (cuatro glaciaciones)". Este autor está ligado al catolicismo, aunque no hable en nombre de él.

Así que nadie se asuste ahora del acercamiento del Halley, que ya forma parte de nuestro ideario social y familiar, y en 2061 su cola gaseosa no tocará la tierra, más bien será divertimento para los que tengan ocasión de observarlo. A los de mi quinta ni nos da frío ni calor. Lo más que recordamos ahora es que el sol nos lo enseñaron como un círculo amarillo con rayos saliendo de su circunferencia dibujado en la libreta escolar.

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