Opinión

Un "Degas" en el bazar digital

Un amigo mío, con un olfato canino para las antiguallas, captura de vez en cuando algún artilugio asequible en Wallapop y otros mercadillos digitales. Cachivaches raros que a él le gustan, como una caja de música fabricada en Viena a principios del siglo XX. Una ganga. Pero nunca se ha dado de bruces con un "degas" auténtico, como le sucedió a un coleccionista anónimo, al parecer barcelonés, quien debe de estar frotándose las manos, pues solo desembolsó 926 euros en la web de compraventa Todocolección, cuando los expertos tasan la obra entre los 7 y los 12 millones de euros. El pelotazo de su vida. La historia de la puja, que se remonta a 2021 y comenzó por un solo y triste euro, la ha destapado esta semana el diario "El Punt Avui".

Ah, Edgar Degas, sus bailarinas y las carreras de caballos, qué maravilla. A Francis Bacon, del que charlábamos aquí el otro día, le fascinaban los pasteles de Degas, los desnudos femeninos, "esa mujer de espaldas en la que se perciben los huesos como una arista bajo la piel". El cuadro en cuestión, el del chollazo, se titula "Elogio del maquillaje" y representa una escena de burdel, un motivo clave en el catálogo del pintor impresionista, donde una mujer pelirroja en primer plano se empolva la nariz frente a un espejo. El anterior propietario del cuadro, nieto o biznieto del industrial textil de Sabadell Joan Llonch Salas (El Vapor Llonch), debe de andar tirándose de los pelos, el pobre, persuadido de que había heredado una burda falsificación.

Las etiquetas pegadas detrás del pastel, cuatro, debieron de haberle alertado, aunque, claro, siempre resulta muy fácil hablar a toro pasado. Los especialistas han tirado de ellas, de las pegatinas, para trazar la biografía del cuadro, tan apasionante como un novelón: la primera indica que fue enmarcado en una casa de marcos de lujo en Alejandría; la segunda, que estuvo a buen recaudo durante la Guerra Civil en el Monasterio de Pedralbes; otra, datada en enero de 1939, fecha en que las tropas de Franco entraron en Barcelona, dice: "Recuperado del enemigo"; y la última identificación señala que fue expuesto en la Sala Gaspar. Muchas nueces.

El azar, que a veces es caprichoso, ha querido que el levantamiento de la liebre degas haya coincidido en el tiempo con la publicación de la estupenda biografía del patriarca de la saga textil, a cargo de Josep Lluís Martin Berbois (Fundació Arts). El industrial y financiero Joan Llonch, somatén, miembro de la Lliga Regionalista y quien llegó a presidir el Banco de Sabadell, tuvo que huir a Francia tras el estallido de la Guerra Civil, y a su regreso, en 1939, encontró "el negocio mal, pero tiene arreglo; la casa hecha una porquería, la gente delgada y asustada". Su biógrafo dice que "Llonch fue el Cambó de Sabadell". Había ganado la guerra pero la había perdido.

Y Franco duró milenios. Si no fuera porque se trata de un tropiezo, la peripecia del degas parecería un esbozo de la trayectoria secular de cierta burguesía catalana, desnortada tras haber malvendido la hacienda, hélas.

Suscríbete para seguir leyendo