Opinión

La derecha sigue al alza, toca reflexionar a la izquierda

En Europa, en España y en Asturias ganó la derecha. Sánchez y Feijóo decidieron jugarse su futuro político con la UE de por medio. Estamos ante unas elecciones muy limitadas – por la participación y porque las rige un sistema distinto– como para sacar conclusiones determinantes respecto a otros ámbitos de la contienda. Aun así, los socialistas van a tener difícil imponer en esta ocasión un relato que convierta la resistencia en victoria. Van cuatro votaciones consecutivas en cuatro meses y en cada una de ellas el PP ha ido comiendo terreno a un PSOE que aguanta a costa de atraer votantes de sus aliados, que quieren cerrar el paso a Vox.

Dos años antes de que los populares ocuparan por oprimera vez la Moncloa, la distancia que el PP de Aznar le sacó al PSOE de Felipe Gonzaélz en estos comicios fue de 4,4 puntos. La diferencia entre los grupos que ahora lideran Feijóo y Sánchez ha sido de 4 puntos. Solo el tiempo dirá si este escrutinio anticipa un cambio de tendencia. Pero sí indica que a la izquierda le toca reflexionar en profundidad. A la asturiana también. Persistiendo en las mismas estrategias no obtendrá réditos distintos.

La novedad respecto a las últimas generales es que la ola popular también alcanza al Principado. A diferencia de otras convocatorias, no ha existido divergencia de los electores asturianos respecto al comportamiento nacional. Los socialistas de Adrián Barbón y Jonás Fernández obtienen el mejor porcentaje de votos de su formación en el país, pero quedan por detrás del PP. Los populares de Álvaro Queipo y Susana a Solís también consiguen idéntico mérito aquí respecto a su partido. Por concejos hubo vuelcos significativos. En municipios con mayorías absolutas socialistas triunfó la derecha. El PP mantiene firmes los cimientos en Oviedo. En Gijón ganó el PSOE literalmente por los pelos y gran parte del área central, el Oriente y el Occidente se tiñen de azul. Solo las Cuencas y Avilés resisten para la izquierda.

Va siendo hora de ponerse a trabajar para responder a los problemas reales de la ciudadanía y no a los inventados por cálculos partidistas; a ver si alguien lo aprende

El voto ultra que ya está provocando un terremoto en varios países, con convocatoria sobre la marcha de elecciones legislativas en Francia, no arraiga en España. Las dos principales fuerzas a uno y otro lado del espectro ideológico están reconquistando terreno desde la quiebra del bipartidismo. Los españoles, y en especial los asturianos, han reafirmado su vocación claramente europeísta y huido de los extremos.

Dos crisis económicas de dimensiones colosales en tres lustros han empobrecido a la clase media, el gran estabilizador social. Esa desatención está sin duda en la base del cambio en la motivación ante las urnas y en la del éxito de opciones pintorescas que nada resuelven con su populismo. La democracia está enferma, la división de poderes se resquebraja y las instituciones sufren. Urge reparar los destrozos.

Aires amenazantes de inseguridad soplan en el mundo y lo están conduciendo en diversas áreas a una situación límite. Europa afronta casi un desafío existencial. Lo que ha permitido avanzar en prosperidad y tranquilidad a la Unión, su gran éxito, siempre ha sido la colación entre populares, socialdemócratas y liberales, un emblema importable de las virtudes de la moderación y la centralidad. Esa alianza parece garantizada en el conjunto de los 27 para preservar el consenso en valores y propósitos que nos ha traído hasta el presente. El destino de la UE será el nuestro, el de Asturias y el de España, nunca lo olvidemos.

Las dificultades no han desaparecido. Desde hoy, la pelota vuelve al tejado doméstico. Lo que vaya a ocurrir con la Generalitat y la aplicación de la amnistía condicionará las estrategias. No puede descartarse una repetición electoral en Cataluña u otras generales, con las Cámaras bloqueadas. Esta legislatura en realidad no ha echado a rodar. Va siendo hora de ponerse a trabajar para responder a los problemas reales de la ciudadanía y no a los inventados por cálculos partidistas. A ver si alguien lo aprende.