Opinión

Selectividades de ayer y de hoy

El pánico de los estudiantes a una prueba crucial para su futuro

Examen de la EBAU

Examen de la EBAU / David Cabo

Me tocó la Selectividad en el mes de junio de 1982, nada más iniciarse el Mundial de fútbol de España. La segunda prueba coincidió, creo recordar, pues la memoria es bastarda al cabo de los años, con un partido de la Argentina de Maradona y Ardiles. En aquella época los alumnos de COU de Letras le teníamos pánico a la prueba de Filosofía; no al Latín ni al Griego ni a la Literatura o el comentario de textos. Para mí, el “coco” era Hegel, faro del idealismo alemán, revolucionario de la dialéctica. Me costaba comprender las bases de su pensamiento, así que recurrí al cura de mi pueblo, Jordi Girau Reverter, un tomista catalán de vocación tardía que había pasado por la Facultad de Filosofía y Letras antes que por el seminario diocesano de Toledo, que gobernaba con mano firme el Cardenal Primado de España, Marcelo González. El sacerdote me ayudó a caminar con cierta soltura por el edificio filosófico hegeliano. Después, en el examen nos cayó Descartes y el Discurso del Método.

Viene esta remembranza a cuento de que cambian los contenidos de los temarios, las cuantías a la hora de evaluar los conocimientos, los nombres de las leyes educativas, escasamente duraderas en este país -la EBAU volverá a llamarse PAU y tiro porque me toca-… pero el miedo escénico del alumnado a una prueba que podría condicionar su futuro persiste. Numerosas horas de sueño quita aún hoy Selectividad, como nos pasaba a nosotros en el último verano como bachilleres. Con la diferencia de que en nuestra época las pruebas eran más homogéneas y no tan dispersas como las actuales. Y con la agravante de las desigualdades que genera hoy examinarse en una comunidad o en otra y sus consecuencias en los ¨numerus clausus”.

El sistema educativo español parece en constante movimiento para no ir a ninguna parte. Lo cual no aporta dosis suficientes de tranquilizante a los estudiantes que se encuentran a las puertas de la universidad, sin saber si les va a dar la nota para cursar el grado que desean.

Suscríbete para seguir leyendo