Opinión

Chapoteando en la ciénaga

La polarización extiende el fango

En la ciénaga del ogro chapotean personajillos de distinta calaña y catadura, todos ellos dichosos de acampar a unos metros del fango, como si la charca inmunda fuera una piscina de bolas, plena de colorido divertimento. Le estamos cogiendo el gusto a la ponzoña, como si el debate político nacional se hubiera grabado en el plató de “Sálvame”.

 El combustible inflamable que inunda la charca de légamo lo aporta a paladas la polarización, ese estado de desinformación intencionada, de discurso del odio y la confrontación que se ha instalado en la política de este país, donde al parecer ya no cabe la moderación ni la equidistancia. La pelota se conduce de un extremo a otro a patadones, sin hacer parada en el centro. O se está conmigo, o contra mí. Hay dos bandos enfrentados que reclaman a filas a la soldadesca. Se castiga la neutralidad, que se califica de deserción. Y se persigue también la defensa de la verdad: armas principales del discurso polarizado son el bulo y la falsedad, el engaño y la treta sin reparar en los medios y en las consecuencias.

En esta particular ceremonia de la confusión a que se somete a la ciudadanía perpleja, tan lamentable resultan los insultos del ministro Puente a Milei como la condecoración que Ayuso ha impuesto al presidente argentino, cuyo mayor honor para el reconocimiento madrileño fue poner a Sánchez como chupa de dómine.

Para desplegarse en un terreno de juego plagado de barro y cieno, la baronesa de la comunidad más próspera del país dispone de más arrestos y de más amplio argumentario que el líder nacional de su partido, al que se le eriza el vello cuando se ve obligado a emplear lenguaje tóxico. En este ambiente, si Sánchez quería hacer de Ayuso, ya que le gusta la fruta, la media naranja de su plan de promoción de la suciedad, lo que ha conseguido es abrir un pomelo. 

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