Opinión | Un millón

El despertador Milei

Todo son sobresaltos. Está uno durmiendo en su día de descanso y viene Javier Milei a despertarlo bruscamente, con lo desagradable que es eso. (Tampoco me agrada pensar que me despierta Milei amablemente). Es un despertar hipertenso porque va a mucha velocidad: en poco más de seis meses, al presidente argentino le ha dado tiempo a desmontar parte del Estado, agraviar a Pedro Sánchez, a su mujer, a su hermano y a su ministro matón y a venir dos veces a Madrid. En el mismo tiempo solo he ido a Madrid una vez y me quedan cajas por abrir de la mudanza de hace nueve meses. En cuanto me pase la taquicardia de ser despertado por Milei bajo a Leroy Merlin a comprar una motosierra porque con el cúter voy despacio.

Dice el Milei despertador que viene del futuro. No es la primera persona rara que nos asalta con ese argumento. En 2001 salía en televisión una mujer de pelo corto azul vestida con una camisa blanca de cuellos picudos que se presentaba en la cocina de un ama de casa y le decía que venía del futuro a traerle una lejía que no amarilleaba ni estropeaba los tejidos. Si hubiera venido de Buenos Aires, la habríamos creído más. Como telespectadores estábamos acostumbrados a que apareciera de golpe el mayordomo de la tele con su chaleco, su pajarita, su limpiador con bioalcohol y su algodón que no engañaba, pero aquella mujer del futuro con lejía nos produjo taquicardia. Pues todo eso es nada comparado con que nos despierte Milei llegado del futuro empuñando su motosierra.

Como persona mayor, me preocupo más por el futuro cuanto menos tengo, pero me aterra que a los jóvenes españoles –a los que lo más que se les ofrece es un contrato fijo discontinuo y una habitación en un piso compartido con derecho a cocina– los despierte Milei gritándoles que "la justicia social es un monstruo horrible".

Como enemigo de la injusticia social, ese monstruo bajo la cama, ya sé de dónde salió Milei a despertarnos de golpe.

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