Opinión

Las varias caras de Europa

La visita de Orban a Putin indigna en Bruselas, pero ¿es tan malo que Europa pueda mostrar dos caras, una enérgica y otra más propensa al pacto? A fin de cuentas, antes o después y bajo una u otra forma, alguna va a haber para poner fin a una guerra sin salida. Una Europa coherente y unívoca resultaba ya improbable en una unión de naciones con una historia de guerras entre ellas, pero es quimérica tras la incorporación del grupo de países excomunistas, en cuya base social ni es fácil reimplantar un aprecio por las libertades tan radical como en Occidente, ni levantar la costra reaccionaria en materia moral dejada por medio siglo de comunismo estatal. Fronteras firmes, mando único económico, mando único militar y una misma política migratoria, que son el núcleo, pueden convivir con un juego de caras en las que, a través de las presidencias de turno, todos se reconozcan.

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