Opinión | Editorial

El impulso económico es la llave para todo

La clave es anticiparse a esa región en atonía, vacía y dependiente de la solidaridad que auguran los analistas: por eso el Principado necesita reordenar sus herramientas

Editorial: el impulso económico es la llave para todo

Editorial: el impulso económico es la llave para todo / LNE

Asturias necesita crecer a mayor velocidad de la que lo viene haciendo. No se trata solo de avanzar, sino de hacerlo a un ritmo superior al resto de comunidades para recortar la creciente distancia respecto a los focos de la prosperidad. El impulso económico es la clave para todo: para aumentar población, para evitar el abandono del medio rural, para sostener la calidad de la educación, la sanidad y los servicios, para corregir las desigualdades. Sin una política que se vuelque decididamente en la iniciativa privada y en las empresas, en la creación de empleo, resultará imposible tomar altura. 

El Principado abrirá oficina en Madrid para atraer empresas. La capital, en la que residen muchos asturianos con peso en sectores económicos, bulle de actividad. Hace dos semanas, en LA NUEVA ESPAÑA, el presidente Barbón se mostraba abierto a constituir un departamento bajo su dependencia directa para unificar, coordinar y agilizar las políticas regionales en materia económica. La Vicepresidencia y las consejerías de Industria y Ciencia se reparten ahora las competencias. La patronal considera determinante esta herramienta siempre que tenga poder ejecutivo y decisorio. A la vuelta de la esquina, cuando se reanude el curso parlamentario tras las vacaciones, la llamada ley de proyectos estratégicos para iniciativas singulares será la primera que debata la Junta. Resolver su compatibilidad con las directrices urbanísticas en un tiempo razonable y proporcionado, simplificar trámites y reducir a la mitad los procedimientos son sus objetivos. Cualquier plan, grande o pequeño, debería recibir idéntico trato. Que haya que impulsar una norma específica revela lo mucho que la burocracia ha retorcido su normal funcionamiento.

Este es el camino. Los empresarios demandan órganos de interlocución directa y rápida con el Principado. La Administración regional carece de un departamento con visión transversal de la política económica para propiciar la consolidación, el crecimiento y la transformación del tejido productivo. El solapamiento de responsabilidades, cuando no su reparto difuso, convierte a veces en una odisea sacar adelante los expedientes. Un papel que requiere la dirección general de una Consejería se atasca en la de otra, sin que ninguna de ellas interactúe para alinearse en favor del interés general. Eso sin contar con rencillas o pruritos. Un desesperante e insostenible laberinto.

No se trata de montar chiringuitos para recolocar conmilitones, sino de crear con profesionales competentes una estructura adecuada a los tiempos modernos de constante cambio y máxima competencia global. Todas las regiones están a lo mismo. La flexibilidad, la capacidad de adaptación y las ideas innovadoras conducen al éxito. Hace falta una apuesta como nunca por la empresa.

Dentro de quince años un tercio de los asturianos estará jubilado, habrá 70.000 personas menos en edad de trabajar y 61.000 mayores de 65 años más. El Principado estará, según las proyecciones, entre las cuatro regiones españolas que seguirán perdiendo población, junto a Castilla y León, Extremadura y, en menor medida, Galicia. El Noroeste, ya rezagado en las infraestructuras, quedará definitivamente arrinconado por la demografía. Un doble lastre para el empleo: a la dificultad de crear puestos de trabajo se añadirá la de encontrar personas que los ocupen.

Solo existe un antídoto para frenar la caída demográfica, repartir riqueza, estimular la prosperidad general y sostener el Estado del bienestar: favorecer la aparición de nuevos proyectos empresariales y potenciar los existentes con un desempeño en su desarrollo eficaz. Si Asturias no capta mano de obra suficiente en pocos años acabará añadiendo a su larga lista de paradigmas económicos uno nuevo, el bucle infernal: sin población decaerán los recursos. Sin recursos la región declina. La decadencia lleva a la inactividad. Sin dinamismo desaparecen las inversiones. Sin inversión escasean los empleos. Sin empleos, no surgen pobladores. Y vuelta a empezar.

La clave es anticiparse a esa región en atonía, vacía y dependiente de la solidaridad del resto de españoles que auguran las prospecciones. Por eso el Principado necesita reordenar sus instrumentos económicos y su estrategia, pasando de la subvención al incentivo. Por eso la mayor irresponsabilidad en este momento sería no detenerse a pensar desde hoy mismo en el futuro, ni actuar para cambiarlo. Mañana será tarde.