Opinión | Un millón

Médicos y camareros

Antonio Machado parearía hoy "el verano ha llegado / nadie sabe cómo ha pasado" a los hosteleros que, entrado el mes de julio, se quejan de la falta de camareros y cocineros cualificados. España es un país turístico lleno de gente sentada en las terrazas que no tienen quien les cocine ni quien les sirva y es un país envejecido con personas que necesitan médicos y enfermeras en los centros de salud y en los hospitales. En la sanidad hay enfermos en listas de espera y en la hostelería hay comensales que se ponen malos esperando que llegue la paella.

Unir hostelería y sanidad no es mezclar churras con merinas: en la pandemia, metidos en casa, resumidos en las necesidades primarias, aplaudimos a los médicos y empatizamos con los hosteleros. A unos se les hizo trabajar mucho; a los otros se les impidió hacerlo. Pasamos miedo de subir al hospital y gana de bajar al bar.

Cada año España expulsa médicos que le cuesta mucho formar y gasta en atraer turistas que superan los récords anuales. Desde fuera, se podría decir que le sobran médicos y le faltan camareros, pero no: le hacen falta médicos, pero no les ofrece trabajo y ofrece trabajo a los camareros, pero no lo aceptan. La hostelería con futuro tiene tarea en cocinas, barras, salas y terrazas en las que se impone la reserva para ser atendido y en cuyas entradas se forman colas, pero ofrece un presente a sus trabajadores que no les llega. Es tan así que algunos empresarios creen que las ayudas sociales quitan las ganas de trabajar, como si sus ofertas de empleos cualificados solo pudieran competir con el hambre.

España lleva 60 años siendo turística, en una proporción tan inimaginablemente creciente que al principio se celebraba el turista un millón y este año, en mayo, ya llevábamos más de 33 millones de extranjeros. Los empresarios turísticos con la cualificación que da serlo en España no encuentran personal cualificado cada vez que arrecia el trabajo. ¿Qué les pasa, doctor?

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