Opinión

Hacen falta, hasta por puro egoísmo

Me fascina la idea de que los acontecimientos de veras relevantes tal vez se manifiesten en el plano de los símbolos, a modo de señales. Tomemos por ejemplo el caso de Lamine Yamal, nacido en Catalunya pero descendiente de emigrantes, cuyo prodigioso dribling seguido del no menos prodigioso gol salvó a España de una derrota que amenazaba. Mientras ese gol entraba por la escuadra muchas comunidades autónomas, en especial las de determinado signo, contaban ya por los dedos los menores emigrantes a distribuir en sus centros de acogida. En realidad la denominada emergencia demográfica de España podría impedir, si no se renueva la población y la fuerza de trabajo, no solo el crecimiento económico sino el pago de las futuras pensiones. Ya hoy, el país pararía en seco sin los emigrantes. ¿Podríamos partir, antes de empezar el conteo, de la evidencia de que los necesitamos?

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