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Crispación en Covadonga

La polémica decisión de Barbón de no acudir a la misa de la Santina

El maestro Puente, en su ufana facundia episcopal, herencia de la época seminarista, gustaba sentenciar con añoranza: “¡Lo que daría por haber sido párroco de Quintes y Quintueles!”. Barbón, de hábitos obispales cuando reparte bendiciones urbi et orbi desde el púlpito de las redes sociales, también muestra estampa de prelatura como Puente, insigne padre putativo de una amplia nómina de periodistas asturianos.

Dice el presidente asturiano de hábitos monacales que no acudirá este año a cumplimentar religiosamente a la Santina en la basílica del Real Sitio para evitar la crispación. Debe referirse al escozor urticario que en algunos de los suyos, los que no proceden del cristianismo de base, provoca que el líder del PSOE comulgue con ruedas de molino. Si no va a Covadonga, no se le encabrita el mujerío veterano feminista, el ala anticlerical y los de la pancarta arco iris; y santas pascuas y aquí paz y después gloria.

Que el presidente del Principado decida no acudir por primera vez en su mandato a la fiesta sacra de la patrona no puede convertirse en cuestión de Estado chico, aunque a la desbandada se sume el presidente del Parlamentín por vía de una carta a los Tesalonicenses después de que la delegada del Gobierno tocara previamente la corneta a rebato. Allá cada cual con el cumplimiento de sus deberes de representación. Recuérdese que algunos de los predecesores de Barbón, declarados ateos, asistieron a la celebración religiosa por lógica cortesía intelectual. Bien es verdad que a los anteriores no les tocó lidiar con las homilías de monseñor Sanz Montes, de espada flamígera de arcángel cuando la izquierda toma asiento en la primera fila de la nave basilical. Tal vez el prelado debería admitir, en tamaña celebración que congrega a asturianos de distinta ideología y pelaje, derecho de réplica a su encendido discurso. De alguna forma, la casa de Dios es también la Casa del Pueblo. Aunque a la Casa del Pueblo ya no acuda ni Dios.

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