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Despedida de Faustino y Begoña

Conozco a Faustino desde el año 83, trabajando los dos como Educadores en la antigua Prisión Provincial de Oviedo. Él llevaba la tercera Galería (jóvenes) y el Dpto. de mujeres. En la tercera Galería, con los jóvenes, en pleno azote del SIDA y consumo de todo tipo de drogas, no entraba cualquiera... Faustino no solo entró en aquella "jungla humana" sino que allí gestó, junto con Bego, lo que hoy es la UTE en la prisión de Asturias.

Debo reconocer que, aun estando en ese momento de Educador como él, y habiendo desempeñado antes los puestos de Subdirector y Director de aquella prisión, fui un escéptico de lo que este entrañable y aparente "loqueras" penitenciario se proponía llevar adelante. Pero la realidad se impuso: lo llevó a cabo y lo consiguió.

Yo asumí de nuevo, en este caso, la dirección de la prisión, de su mano (por si alguien no lo tiene claro a estas alturas, se lo digo yo).

Y, cuando en el año 2004, estando yo muy tranquilo en el CIS fue a buscarme para decirme "tienes que asumir la Dirección para impulsar, hasta donde podamos, la UTE", no lo dudé: me subí a ese carro, a sabiendas de que al mismo tiempo me metía "en el charco" de lo que en ese momento era la prisión de Asturias, con los detractores de la UTE "arreando estopa...".

Reconozco, sin ningún complejo, que cuando dejé la dirección del centro penitenciario, lo hice con el pleno convencimiento de que la UTE, tal como estaba de consolidada y reconocida en ese momento, ya no tenía marcha atrás, que viniera quien viniera a sustituirme en la dirección del centro iba a seguir el mismo camino. Pero me equivoqué (lo digo alto y claro). Mis dos siguientes sustitutos, incomprensiblemente para mí, intentaron lo contrario: sin atreverse a decirlo públicamente, parece que entendieron que era mejor poner todos los palos posibles, y más, en las ruedas de la UTE para minimizarla o incluso desmantelarla.

Afortunadamente, y gracias al tesón y resistencia de este hombre y de los compañeros que con él tiraron del carro, no lo consiguieron, aunque sí lo dañaron. Confío en que los sustitutos de Faustino, al frente de la UTE, no sigan el ejemplo de mis sustitutos en la Dirección.

Esta es la muestra más evidente de que la realidad penitenciaria es muy poliédrica, en la que cuesta mucho avanzar, dar un paso hacia adelante y, sin embargo, es más fácil caminar hacia atrás. Hay demasiadas "mentes cerradas" que, como los paraguas, si no se abren, sirven para muy poco o para nada. Afirmar que la UTE es un proyecto personalista es no tener para nada en cuenta los resultados conseguidos y obsesionarse "misteriosamente" con la persona de Faustino, algo ruin, torpe y un poco mezquino; es ignorar conscientemente el titánico esfuerzo que los internos con problemas de toxicomanía han decidido hacer para salir de ese infierno; es no importar para nada las familias que sufren lo indecible teniendo a sus hijos, parejas, hermanos... atrapados en esta terrible dependencia, algo que raya casi, casi lo perverso.

Lo que Begoña y Faustino han conseguido en la cárcel es todo un fenómeno de auténtica cirugía penitenciaria, porque con este modelo de intervención de la UTE atajan de forma tangible y efectiva el mal más endémico de las conductas criminales: la reincidencia; máxime en los delitos asociados al consumo de drogas.

Por muchos fuegos de artificio, con denominaciones más o menos rimbombantes, que se realicen en las prisiones, si las cifras de reincidencia en la comisión de delitos no disminuyen, habremos conseguido muy poco socialmente.

Lo que el ciudadano de a pie entiende y valora es que en la calle disminuya la criminalidad. Por eso, o atajamos con criterios realistas directamente alguna de las múltiples causas del delito (en este caso el consumo de drogas), o estaremos simplemente mareando la perdiz y las cárceles seguirán engordando...

Tan respetable es no creer en el Proyecto UTE y mantenerse al margen, como implicarse en el mismo y enfocar la vida profesional y la estancia de los internos en prisión, de otra manera. Lo que no es aceptable es banalizar y tratar de destruir aquello que funciona, aunque no lo compartamos ni nos guste, a cambio de nada.

La despedida de Faustino y Begoña es momento para el reconocimiento y, estoy seguro de no equivocarme, para el agradecimiento por parte de multitud de familias, hoy en el anonimato, por haber conseguido, precisamente en la cárcel, sacar a sus allegados más cercanos de la tiranía del consumo de drogas.

Podría contar infinidad de anécdotas que este hombre, tan incomprendido muchas veces en "las distancias largas", pero tan entrañable, cercano y comprometido siempre en las distancias cortas, ha protagonizado. Mencionaré solo dos.

Durante el permiso, un interno de la UTE, quebrantó condena consiguiendo llegar al extranjero. Y, aun estando ya en "busca y captura", Faustino consiguió localizarle, fue a buscarle y le trajo consigo para que siguiera el tratamiento en la UTE. Casi nada...

Durante mi época en la dirección, recibí a muchas familias, madres, sobre todo, que venían a pedirme por favor que no sacara a su hijo de la UTE porque habían intentado su deshabituación al consumo en otras instituciones y no habían conseguido lo que estaba ocurriendo en la UTE, que dejara de consumir y reiniciara el contacto y la cercanía con su familia, especialmente con su madre, a la que en la última comunicación por locutorio la había dicho, a través del cristal: "Mamá te quiero". Eso, que yo he vivido, ha sido posible gracias a esta pareja que hoy despedimos. Y con eso, está todo dicho...

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