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Opinión | Sol y sombra

El embudo de la libertad

El líder del ultranacionalista FPÖ, Herbert Kickl.

El líder del ultranacionalista FPÖ, Herbert Kickl. / EP

Un partido neonazi que se define a sí mismo de la Libertad ha ganado las elecciones en Austria. Hace algunos años ya había dado la sorpresa Jörg Haider, su fundador. Y mucho antes, otro austriaco llamado Adolf Hitler, se convirtió en el artífice de una de las tragedias más sonados del siglo XX en nombre del nacionalsocialismo. En Europa se han sucedido con cierta frecuencia fenómenos paranormales austriacos de notable intensidad. En las urnas, sin más lejos.

Esta vez, el líder victorioso del Partido de la Libertad de Austria es un sujeto llamado Herbert Kickl, barba de tres días y aspecto no demasiado inquietante, que se caracteriza por lanzar las proclamas ultranacionalistas más duras, mezcladas de racismo y xenofobia. Declara el amor a la patria al mismo tiempo que denigra a los inmigrantes marroquíes llamándoles ladrones. La supuesta libertad que pregona su partido es como la de otros, de extrema derecha, que incluso no dudan en postularse liberales. Un reclamo que no tiene explicación posible salvo la del lobo que pretende arañar votos poniéndose en la piel del cordero. Si algo tiene claro cierta clase de extremistas en el siglo XX es que el ruido y la furia inicial deben modularse con la apariencia del que lanza un mensaje sensato y práctico, con soluciones simples para problemas complejos.

El liberalismo, en cambio, fue el primer movimiento político que quiso promover, no el bienestar de grupos específicos, sino el bienestar general y esto incluye a la totalidad de los seres humanos. Sus principios sobre el valor absoluto y primario de la libertad, la propiedad privada, el Estado de Derecho, la tolerancia y la cooperación entre los individuos y los pueblos, el protagonismo de la iniciativa individual y de la sociedad frente a cualquier gobierno omnipotente, entrometido y dispensador interesado de favores, subvenciones y privilegios, definen todo un modelo de civilización, amenazada precisamente por los totalitarismos y en la actualidad por los partidos populistas como el de Kickl.

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