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Señor ladrón, hágame la colada

El caso de un delincuente británico que asea las casas que asalta

Desde que los pájaros disparan a las escopetas y los niños muerden a los perros, los ladrones entran en las casas de los hijos de la Gran Bretaña y en vez de llevarse las joyas y los candelabros, se quedan un rato, hacen la colada al sorprendido propietario, le echan la basura al contenedor y le dejan una cariñosa nota de buenas noches al pie de un plato listo para la cena, al modo de una sirvienta filipina en un chalé de La Moraleja. O sea, que en Inglaterra se ha instaurado la cultura del ladrón-chacha, un tipo educado que más que un delincuente parece un empleado eficiente de la empresa de ayuda a domicilio. Y aun así, al tipo en cuestión le cayeron 22 meses por mandato de un tribunal de Cardiff. Le condenaron por allanamiento de morada. No se le aplicó ninguna atenuante, pese al generoso uso de Don Limpio. En chirona, deberían destinarle a la lavandería.

Hay delincuentes que reinciden y se dejan capturar para volver a prisión y así comer caliente. Mejor contemplar el inexorable paso de las horas sobre el jergón de la penitenciaría que dormir a la intemperie al abrigo de una cama de cartones en un parque. A quien no tiene donde caerse muerto, la cárcel le parece una suite del Ritz. En mi pueblo había un pelagatos que se metía de todo y que solía dar un palo en vísperas de las Navidades para que le enchironaran y disfrutar así del menú festivo de la cena de Nochevieja.

En prisión, unos entran y otros salen. El Gobierno, atendiendo a las indicaciones de Bildu, uno de los más dilectos colaboradores del sindicato de hombres del saco, pondrá pronto de patitas en la calle a reconocidos etarras que cumplen condena, mediante un cambio legal que permitirá descontarles en España el tiempo de condena que cumplieron en Francia. Uno de los beneficiados por la medida, aprobada ya en el Congreso y a trámite en el Senado, será el sanguinario “Txapote”. Una bola más y continuamos para bingo…

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