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Alfonso Palacio o la plenitud de un museo

En Asturias, cualquier amante del arte y la cultura ha sido testigo del extraordinario desarrollo que ha experimentado el Museo de Bellas Artes en los últimos años. Este logro tiene un nombre propio: Alfonso Palacio. Desde que en 2013 asumió la dirección del museo, se embarcó en un ambicioso plan director que transformaría la institución de una manera excepcional.

Con un brillante y ambicioso proyecto, Palacio fue elegido por unanimidad para liderar el museo, y en apenas 11 años ha conseguido posicionarlo como uno de los más destacados de España e incluso de referencia internacional. Su gestión no solo se ha centrado en el enriquecimiento de la colección permanente y las exposiciones temporales, sino que ha expandido la programación cultural con ciclos de cine, recitales de poesía, visitas guiadas y conferencias. Además, la iniciativa de la "obra invitada" y su firme apoyo a los artistas asturianos han hecho del museo un espacio vibrante y dinámico.

Bajo su dirección, también se gestionó con éxito la última fase de ampliación del museo, vital para su crecimiento. A esto se suma la creación de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de Asturias en 2019, un proyecto que buscó involucrar a la ciudadanía y fortalecer su vínculo con esta institución.

Hoy Alfonso Palacio emprende una nueva etapa como director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, un puesto que él mismo define como "el sueño de cualquier historiador". Este logro es un reconocimiento a su dedicación, su talento y su capacidad de liderazgo. Sin embargo, su partida deja una vara alta para su sucesor. Dirigir un museo como el de Bellas Artes no se limita al conocimiento artístico o a la planificación estratégica. Requiere visión de liderazgo, habilidades para formar equipos, capacidad para construir redes y, sobre todo, la humanidad necesaria para trabajar desde la humildad, dejando de lado los egos y los proyectos personalistas.

Encontrar una figura que combine estas cualidades no es tarea sencilla. Más aún, en el caso de un museo enraizado en el contexto cultural y social de Asturias, pero con una, cada vez más importante, proyección nacional. Es imprescindible que el próximo director entienda que el verdadero liderazgo comienza por escuchar y conectar con las necesidades y expectativas de nuestra comunidad. Quien asuma este desafío debe tener presente a Asturias y continuar poniendo en valor nuestro legado artístico.

Como galerista, en estos casi veinte años de profesión, he invitado a numerosos coleccionistas a visitar Asturias, y siempre recomiendo el Museo de Bellas Artes como una parada obligatoria. La reacción es sin duda de admiración: destacan la riqueza de su colección, la calidad de sus exposiciones y la perfecta fusión entre tradición e innovación. Esta percepción es la que posiciona al museo como un referente cultural fuera de Asturias y un espacio significativo para los asturianos que lo consideramos como un motor cultural que nos inspira y nos enorgullece.

Querido Alfonso, te felicito por tu destacada labor y te deseo todo el éxito en tu nueva y merecida andadura en el Museo del Prado. Asturias siempre recordará tu enorme contribución al arte y la cultura.

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