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Microviolencias

Ante el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se conmemora cada 25 de noviembre, es crucial denunciar y sensibilizar no solo las formas más evidentes de violencia, sino también aquellas violencias sutiles y normalizadas: las microviolencias. En la vida diaria, se desarrollan relaciones desiguales en las parejas que permanecen ocultas, mediante conductas que encierran estrategias de control y microviolencias. Dichas conductas pueden incluso aparentar ser positivas o adecuadas para lograr el bienestar de la mujer; sin embargo, lo que realmente están haciendo es invisibilizar escenarios de sumisión y control.

Las microviolencias en sí mismas no se identifican con actitudes violentas, pero mantienen un cierto grado de violencia latente y pueden desencadenar procesos más graves de violencia. Son pequeños controles, abusos de poder, actitudes, gestos, comentarios, que sin ser muy notables restringen el poder y la autonomía de las mujeres. Al ser una violencia naturalizada en las relaciones personales de la vida diaria, se vuelve normal y cotidiana, ejerciéndose fácilmente.

Estas conductas se manifiestan de diferentes modos, por ejemplo: 1) impidiendo el trabajo de la mujer fuera del hogar; usando tácticas que consisten en desalentar y convencerla de la escasa necesidad de trabajar. 2) Controlando el dinero que gasta, reprimiendo de esta forma su capacidad de decisión y autonomía. 3) Mediante la apropiación del espacio y objetos del hogar. El hombre se puede apoderar de objetos de la casa sin previa negociación y en detrimento del uso de la mujer: mando del televisor, el sillón del salón, el ordenador, etc.; también puede invadir los espacios considerados comunes con sus objetos o con su ropa, dejándola tirada a los pies de la cama, en el baño, en el salón, etc. 4) Otra forma es hacer prevalecer su punto de vista como universal. Su palabra es autoridad y su criterio el único válido; de esta forma la mujer queda despojada de opinión y decisión. 5) Por último, la utilización del silencio, que conlleva no sólo no hablar, sino también imponerlo. El silencio se puede emplear como un instrumento para no dar explicaciones en las relaciones de pareja y conseguir el control de las situaciones; pero también se puede utilizar como una imposición. No hablar para no dar explicaciones es una forma de menosprecio, pero la imposición del silencio es una clara manifestación de dominio, autoridad y control sobre la mujer y, lo que es peor, de cierto sentido de desprecio y apropiación de la otra persona.

Las microviolencias denominadas "de crisis" son unas de las más peligrosas y aparecen cuando una pareja está en un proceso de ruptura. Sirven para impedir que la mujer tenga confianza en sí misma –y rompa los lazos de control que el hombre tiene sobre ella–, aumente su poder y/o se produzca una separación de la pareja. Las microviolencias utilizadas en estos casos suelen contener un grado alto de violencia y mayores posibilidades de acabar en una tragedia.

En la lucha contra la violencia de género es imperativo recordar que la violencia no empieza de forma brutal y manifiesta. Las sutiles microviolencias son el cimento donde se construyen esas formas más graves. Si las reconocemos y denunciamos, podremos erradicarlas y aspirar a una sociedad igualitaria y libre de violencia.

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