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Lo que no ha cambiado en 25 siglos

Pablo Álvarez, durante su intervención en la gala de los premios Salud 2024.

Pablo Álvarez, durante su intervención en la gala de los premios Salud 2024. / David Cabo. LNE

Se oye a menudo que más importante que la meta es el camino que se recorre para alcanzarla. La idea tiene un alto componente de verdad, y anima a vivir con plenitud cada momento de la vida, sin supeditarlo todo a unos objetivos que no siempre se cumplen. El riesgo contrario también está muy presente: que las enredaderas que nos encontramos en el camino nos lleven a perder de vista el objetivo que nos habíamos propuesto.

En el desarrollo de la medicina, el mayor peligro es el segundo. Mucha tecnología, numerosos protocolos y abigarrados esquemas de desarrollo de procesos pueden desviar la atención del objetivo último de todo el quehacer médico: el paciente, curar la enfermedad, cronificar lo incurable, aumentar la calidad de vida...

La medicina es muchas cosas: ciencia, servicio público, economía, prestigio social, poder, eslogan político… Pero ninguna de estas facetas ha de oscurecer que todo confluye finalmente en una mujer o un hombre que buscan el restablecimiento de su salud. Por eso es tan acertada la expresión "medicina personalizada". Se trata de un modo de decir de implantación reciente que se refiere a las posibilidades que otorga el conocimiento de la identidad genética de cada individuo a la hora de diseñar tratamientos específicamente preparados para ese paciente, y no para otro.

Sin embargo, de la medicina personalizada ya hablaba Hipócrates allá por el siglo IV a. C. cuando propugnaba en su célebre juramento: "En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos". No hay progreso médico si no se prioriza el beneficio de los pacientes, si no se mejora la vida de personas concretas.

En la ceremonia de ayer de los Premios Salud de LA NUEVA ESPAÑA, ambos premiados hablaron de lo mismo: de personas. Luis Fernández-Vega Sanz lo hizo desde su óptica de máximo responsable del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, un centro sanitario en el que todo, desde la atención telefónica inicial, está concebido para el mayor confort de los pacientes. Rebeca Lorca también habló de personas singulares porque una de sus especialidades, las cardiopatías familiares, bucea precisamente en las características individuales de cada persona.

De donde se deduce que la medicina que triunfa y genera verdadero progreso es justamente la que sigue los postulados que ya se proclamaban en la Grecia de hace 25 siglos. Y conviene que ese elevado designio de la medicina, servir a las personas, evocado por el traumatólogo y presidente del jurado, Alejandro Braña, nunca se pierda de vista en los vericuetos del camino, porque es garantía de alcanzar la meta deseaba.

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