Opinión
El chico bueno de la Casa Blanca
J. D. Vance, el vicepresidente de EE UU, mostró sus difíciles orígenes en "Hillbilly. Una elegía rural"
Si ustedes están entre las personas que han visto la película de 2020 "Hillbilly. Una elegía rural", deducirán rápidamente a quién me refiero con eso del "chico bueno" de la Casa Blanca. Si por el contrario no la han visto, les recomiendo encarecidamente que se adentren en ese metraje. Creo que les resultará francamente interesante por varias razones. La primera de ellas tiene que ver con la magnífica interpretación de las actrices Glenn Close y Amy Adams, que están extraordinarias. La segunda, porque en ella se describe una atmósfera, un entorno social en el que mora la desesperanza, uno de esos lugares sitos en la América profunda en las que los votantes de Trump han proliferado y que lo han llevado en volandas de nuevo al despacho oval, donde desde el minuto cero, Donald está dando rienda suelta a su descabalgado ego redentor, a sus impulsos de iluminado expansionista y a su revanchismo.
En noviembre el discurso trumpista caló mucho más que la vez anterior. El que ya es presidente obtuvo en los pasados comicios tres millones más de votos que en el 2020, cuando se enfrentó a Biden. La sintonía con las ideas del millonario triunfó en todos los estratos, pero lo hizo claramente entre los votantes varones de raza blanca y sin estudios, en ese nicho social que se ha autodenominado "la escoria blanca" y en lugares económicamente degradados, sin perspectivas de recuperación económica y sin aparentes opciones de mejora o de prosperidad futura. Solo por esas dos razones, por el elenco en el reparto del film, y por la descripción de un ecosistema, ya les recomendaría la película. Pero hay una razón aún más potente y es que esa película está basada en el libro autobiográfico de J.D. Vance. Sí. el mismo Vance, el que ya es Vicepresidente de los Estados Unidos de América.
A riesgo de hacerles a ustedes spoiler, no me resisto a contarles la trama del relato. Básicamente el libro y la película narra la adolescencia de un chico hecho a sí mismo, un chico que, pese a un vivir en un entorno caótico, con un padre totalmente ausente, desaparecido y al que ni se le nombra, es criado por una madre depresiva, con tendencias autodestructivas y adicta a múltiples sustancias y a las drogas. Pero J.D. será capaz de sobreponerse a todo ello guiado por los consejos de su abuela y comenzará a mejorar sus notas hasta convertirse en un brillante estudiante. Más tarde, Vance será marine, incluso operará en Irak, y gracias a ello, conseguirá fondos para graduarse en la Universidad Interestatal de Ohio, y posteriormente, en Derecho en la prestigiosa Yale. Así que, mientras que el buen chico se esfuerza, su madre, se degrada cada vez más. Es desahuciada e insultada por el ultimo maromo al que se junta, y será ingresada por adicción a la heroína. Básicamente la cara y la cruz del sueño americano. Y hasta ahí la peli.
Vance es un universitario criado en circunstancias vitales complejas y con una visión que hace pensar que se colocó en el lado incorrecto de la historia
Pero la historia de Vance, la que ya no se cuenta, la que ha acontecido en los años siguientes, no termina en ese momento, más bien comienza. Comienza, porque, como les dije, la película está fechada en el año 2020 y ahora estamos en el 2025 y Vance es ya vicepresidente de USA y lo es con 40 años de edad. Una carrera meteórica, sin duda.
Entre tanto desquiciado y multimillonario tecnológico da que pensar cómo es que Vance está donde está. Mas, teniendo en cuenta que está casado con Usha, una chica de origen indio, o hindú, hija de emigrantes instruidos, pero emigrantes al fin y al cabo, que de conformidad con las nuevas ideas de restricción, ahora, si no estuviera salvaguardada por un matrimonio, podría perder su nacionalidad y hasta ser objeto de deportación.
Todos conocemos el tipo de individuo que es Trump, pero lo de Vance me intriga aún más. Porque Vance es una persona con una formación universitaria, criado en unas circunstancias vitales complejas y con una visión que nos haría pensar que se ha colocado en el lado incorrecto de la historia. Precisamente por esos antecedentes familiares, por haber tenido unos abuelos demócratas destinatarios de subsidios sociales, podría deducírsele cierta tendencia empática hacia los más desfavorecidos. Pero no es así. Vance es el segundo del entramado. Y la película ya da pistas sobre, su creo, compleja personalidad.
Yo no sé si sería capaz de soportar, por mucho que quisiera a un hijo, que mi imagen quedase tan degradada como la de la madre del vicepresidente
Los escritores son bastante impúdicos por naturaleza, se meten en grandes jardines familiares para ahondar en las vulnerabilidades y en las fortalezas de los seres humanos. Pero, ¡ostras!, no sé si yo sería capaz de desnudar de esa forma a una madre, máxime estando coleando, como ella está. Y Vance, sin embargo, lo hace. Lo hace al narrar sus desesperados y fallidos intentos sentimentales, al contar su paso de un hombre a otro, al detallar sus adicciones, sus crisis, sus episodios, sus miserias y sin revestirlas de ningún tipo de encubrimiento ficcionado. Vance no la protege. Vance desnuda a su familia y, en particular, desnuda a su madre y la deja totalmente expuesta a los ojos de todos. Me pregunto si ese es el comportamiento de un héroe o si, al contrario, lo es de un villano.
Yo no lo sé. Pero lo deduzco. Viendo esa película, he creído entrever que hay más allá de ese mirlo blanco al que lo acompaña en las tribunas su esposa, Usha, envuelta ésta en un maravilloso y elegantísimo abrigo rosa. He visto a Usha, pero no he visto a Bev Vance, a la madre, en la bancada de familiares. Tal vez porque nada pintaría al lado de Ivanka Trump. Su tipo de hinchada exalcohólica desluciría un poco el glamour ceremonial. Una madre así está bien para quedar como el buen chico redentor que es Vance, o para que éste, en su día hubiera sido recompensado por los derechos de la productora cinematográfica. Pero estamos hablando del Capitolio. Eso ya son palabras mayores.
Una madre es una madre. Personalmente yo no sé si sería capaz de soportar, por mucho que quisiera a un hijo, que mi imagen quedase tan degradada como la de Bev, para el resto de la posteridad, máxime si la difusión de todas esas indignidades proviniese de alguien al que se le supone el deber de proteger y de cuidar. Bev está viva. Pero Vance es un chico bueno y estoy segura que sus razones tuvo para vender así a su madre. Lo que no me cabe la menor duda es que el muchacho llegará lejos. No lo duden.
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