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Feminismo rural e igualdad de género

La doble discriminación de ser mujer fuera de las grandes ciudades

El feminismo rural busca la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres rurales, así como el reconocimiento, mantenimiento y desarrollo sostenible de las zonas rurales. Este feminismo es más significativo en comunidades autónomas como la asturiana. Precisamente, Asturias destaca por tener municipios por debajo de los 2.000 habitantes con claras connotaciones rurales. Sin embargo, esta ruralidad no es homogénea. La región experimenta diversas ruralidades que se reflejan en indicadores como la baja densidad poblacional, la reducida tasa de natalidad, el envejecimiento, la emigración femenina o la disminución de nuevos residentes; elementos, todos ellos, relacionados con las desigualdades de género. El hábitat rural también presenta situaciones particulares para la igualdad de género. La dispersión territorial y la distancia física a los núcleos poblacionales crean problemas de movilidad y acentúan la dependencia familiar, especialmente de las mujeres. Estas limitaciones en el desplazamiento no solo les restringen el acceso a los servicios básicos y esenciales, sino que también les reducen las oportunidades laborales. Estas mayores dificultades para la inserción laboral, fuera de las estructuras familiares, perpetúan el orden doméstico y los roles tradicionales de género. La falta de visibilidad del trabajo de las mujeres en la economía rural familiar impide el reconocimiento de derechos económicos y sociales, favoreciendo la hegemonía masculina; además, el sobreenvejecimiento de la población hace que aumente la demanda de cuidados, repercutiendo en la desigualdad de los roles de género, en la movilidad y en la independencia de las mujeres.

Retos y demandas. El movimiento feminista rural quiere mantener el mundo rural vivo, donde hombres y mujeres unan sus esfuerzos para impulsar iniciativas comunitarias sostenibles. Un camino, no obstante, lleno de desafíos o retos. Las mujeres de las áreas rurales de Asturias se enfrentan a múltiples realidades, problemas y obstáculos: movilidad limitada, dependencia familiar, invisibilidad laboral, carga de cuidados, etcétera. Desde el feminismo rural se sabe que no es suficiente con abordar las desigualdades de género comunes a todas las áreas rurales, también es necesario contemplar la propia diversidad de los espacios rurales asturianos y adaptar las estrategias a las características particulares de cada zona. Algunas demandas concretas podrían centrarse en:

1- Apoyar el empleo y el emprendimiento de las mujeres en las áreas rurales, proporcionando formación, recursos o acceso a microcréditos.

2- Promover el acceso equitativo de las mujeres a los órganos de gobernanza en las organizaciones profesionales agrarias, cooperativas u otras entidades relacionadas con la actividad agraria y el desarrollo rural.

3- Impulsar la titularidad compartida o individual de las mujeres en las explotaciones agrarias y ganaderas. Sin la titularidad de una explotación, las mujeres jamás podrán, por ejemplo, formar parte del consejo rector de una cooperativa.

4- Equilibrar o revertir la masculinización con incentivos para la permanencia o retorno de las mujeres jóvenes a las áreas rurales.

5- Mejorar el acceso a servicios básicos y públicos esenciales: atención sanitaria, escuelas de 0-3 años, centros de mayores, servicios financieros y oficinas móviles para trámites administrativos.

6- Facilitar e implementar programas específicos para la obtención del permiso de conducir, mejorando así la autonomía y oportunidades laborales de las mujeres.

7- Promover y simplificar el acceso a los certificados de profesionalidad para mejorar la empleabilidad.

8- Potenciar los espacios públicos, creando entornos específicos dedicados a las mujeres, tales como asociaciones y centros especializados que atiendan sus necesidades e impulsen su empoderamiento.

9- Remunerar y reconocer los trabajos de cuidados como labor productiva fundamental.

10- Eliminar la brecha digital de género facilitando la formación, bajada de precio y mejora de la conectividad.

11- Fomentar la igualdad de acceso a los recursos destinados a la violencia de género.

12- Formar a mujeres como "agentes de prevención de la violencia de género", para que sirvan de referentes en las áreas rurales.

Estas demandas pretenden construir un futuro más próspero para nuestra región, al tiempo que exigen un reconocimiento y valoración de las mujeres rurales. Ser mujer y ser rural no puede seguir siendo motivo de doble discriminación.

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