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Las obleas de silicio y el chocolate del loro

Dulce humorada sobre el nuevo proyecto empresarial en la Zalia

A la extensa nómina de productos de repostería asturiana habrá que añadir en un futuro inminente las obleas de silicio que se van a fabricar en una factoría de la Zalia con capital asiático procedente de los réditos del flan chino mandarín. El Gijón goloso y llambión añadirá de esta manera a sus “chaponas”, chalotas y princesitas, unas obleas, ¡ay, bendito!, que son la hostia. Las componendas de silicio van a romper el mercado de la dulcería: mandarán al carajo a los carajitos de Salas; las rosquillas de anís ya no volverán a comerse un rosco; y los moscovitas de Rialto quedarán confinados en Oviedo por toque de queda. Como los carbayones, que ya nunca ganarán el cielo de los tocinillos. Obleas en barquillo saldrán en barco desde las dársenas de El Musel. Y la madre del emigrante las despedirá a pie de muelle con un suspiro del Nalón en el pañuelo.

Al fin el Gobierno regional le ha encontrado un fin útil a la Zalia, a la que, por inacción, llevaba años viéndosele el plumero de la Pampa. Para completa el “hub” repostero de la Zona Logística se podía reservar una parcela en San Andrés de los Tacones a las monjas cismáticas de Belorado y su obrador de los milagros que es chocolate del loro.

Cuanto más dulce sea el porvenir de la nueva industria asturiana, mejor para la salud de nuestro buen humor: menos llanto de plañidera y más miel sobre hojuelas. En semejante tesitura, el futuro presidente de Asturias debería ser Diego Verdú o Juan El Golosina, que a  esta región hace falta echarle huevos, aunque sean de Pascua.

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