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La mina, traicionera y solidaria

Trágico accidente mortal en Cerredo (Degaña) con cinco fallecidos

Hay noticias trágicas que un periodista veterano ya pensaba que no volverían a ser contadas en Asturias, tras décadas viendo languidecer la minería subterránea del carbón. Pero volvió a ocurrir lo impensable, y un manto negro se extiende desde la mañana de ayer a modo de mortaja sobre el concejo de Degaña. Las campanas doblan por cinco mineros muertos en Cerredo.

La mina transformó Degaña, para bien y para mal, y su tradicional modo de vida desde que Hullas del Coto Cortés inició la actividad extractiva en este concejo del suroccidente en 1919. A mediados de la década de los sesenta, la minería del carbón atrajo a ese municipio -eminentemente rural entonces- a trabajadores procedentes de distintas provincias españolas, ocasionando una amalgama de personalidades de sensibilidad distinta que aún hoy se percibe más allá del Rañadoiro, donde se escuchan y conviven acentos distintos. En aquella época, la mina daba empleo al 75% de la población activa del concejo y la de Cerredo se consideraba una de las explotaciones más modernas de España.

La mina es traicionera, pero también solidaria y a esa sensación de consuelo nos agarramos cuando sobreviene el luto de la tragedia. Como cuando 34 mineros asturianos fueron reclutados a la fuerza en abril de 1944 para reabrir una explotación en Cataluña, en Saldes, donde una explosión de grisú segó la vida a 34 trabajadores de los 40 que laboraban ese fatídico día en el subsuelo. Minero y asturiano son palabras que han vivido abrazadas durante décadas. Y de las que cuesta soltarse.

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