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Opinión

All for the money

La selecta cuadrilla de personas cercanas de Trump que se enriquecen con la guerra de aranceles

Se ha dicho y repetido machaconamente en todos los medios de comunicación, desde aquel 2 de abril que se bautizó como el "día de la liberación", que la cuestión de los aranceles de Trump se trataba de una estrategia de negociación. Es la vieja táctica de: me hago fuerte, asusto a base de bravuconadas y chulerías de hortera ("kiss my ass"), tirando por elevación para, después poco a poco, ir cediendo hasta llegar al objetivo, que no es otro que subirlos al 10% para reducir en ese porcentaje el déficit comercial USA que alcanzó la enorme cifra de 1,3 billones de dólares el año pasado.

No estoy yo del todo seguro que el plan del Presidente, después de cumplir los primeros 100 días en el cargo, le esté saliendo tan bien como tenía planeado, pues hay un asomo de recesión en el crecimiento de la economía en el primer trimestre y un riesgo de repunte, eso sí tímido, de la inflación, además de una pérdida clara de popularidad y nivel de confianza por aquello de la incertidumbre de no saber que ocurrirá mañana.

Pero no es a eso a lo que yo me quería referir en este escrito, sino al enriquecimiento –al amparo de la guerra comercial – de un pequeño grupo, alrededor de ocho personas, muy cercano al Presidente (y no me refiero a los propietarios de las siete tecnológicas –Appel, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Nvidia, Intel– que esos ya son milbillonarios), sino a una selecta cuadrilla integrada por unas pocas personas que se aprovechan de que conocen, con anticipación y consentimiento, las declaraciones de Trump.

Miren ustedes, cuando el 2 de abril, empezó a anunciar el establecimiento de los aranceles al acero, aluminio y coches, la bolsa de W. Street se desplomó un 10% provocando pérdidas de billones de dólares que en los días siguientes se fueron recuperando con el aumento y normalización de las cotizaciones. Al cabo de dos semanas, vuelve a anunciar el establecimiento de aranceles a China superiores al 150% y a la UE, Japón, Corea y a todo el mundo mundial, del 25%. Todo ello abonado, por si fuera poco, con arremetidas contra el presidente de la Reserva Federal. A continuación se produce otro desplome en la Bolsa con enormes pérdidas del 9% en dos días.

Poco después, en las siguientes jornadas, el Presidente y su equipo ejecutivo, con una dialéctica cuidadosamente calculada, han ido suavizando las declaraciones divulgando que están dispuestos a negociar con todos los países afectados por los aranceles recíprocos, dejando traslucir que la cosa no va a ser tan grave y … ¿qué ha hecho la Bolsa?, pues rebotar y ponerse al nivel que estaba antes de todo este lío. Con ese tira y afloja, la oscilación, durante el mes pasado, entre el nivel mas bajo y el mas alto de las cotizaciones bursátiles, se ha valorado en 800.000 millones de dólares (sí, no se asombren, he dicho esa cifra).

¿Quienes componen ese afortunado grupo que yo les menciono que, con anticipación, disponen de información privilegiada de las declaraciones del Presidente? Pues, al parecer, no son personajes públicos conocidos, pero tienen acceso previo consentido a las comunicaciones de Trump. Según me cuenta un amigo trader de un Banco de Williams Street (calle de NY perpendicular a Wall), no salen en la lista Forbes pero, sin disponer de grandes fortunas, se han forrado de tal manera, invirtiendo a crédito y con contratos de futuros en valores tecnológicos, aprovechando los altibajos –comprando cuando se desploman las cotizaciones y vendiendo cuando se recuperan– que se puede cuantificar que han obtenido unas ganancias superiores a los 50.000 millones de dólares en el transcurso del mes de abril.

Pero bueno –preguntarán ustedes–, ¿no hay una ley que prohíbe y castiga el inside trading (información privilegiada)? Pues sí que la hay, de lo mas dura y clara, pero en momentos de confusión y pánico financiero como ha ocurrido en este periodo que hemos pasado, ¿quién lo puede demostrar con pruebas fehacientes?

Atentos que los vaivenes y bandazos todavía no han terminado.

Como digo en el título: todo por la pasta.

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