Opinión
víctor garcía oviedoBenjamín méndez garcíajesús menéndez fernández
Oviedo y la asturmetrópoli: Capital Europea de la Cultura 2031
Las jornadas "Asturias, ciudad región metropolitana" se clausuran a partir de las 19.30 horas de hoy en el Club LA NUEVA ESPAÑA con la cuarta y última sesión del ciclo, un vistazo del arquitecto Víctor García Oviedo a los proyectos estratégicos llamados a aterrizar en su versión más práctica el plan de la "Asturmetrópolis", entre ellos, una dimensión metropolitana para la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura.
"La ciudad es un motor económico y cultural, animada y atractiva si es densa y compacta, heterogénea y mezcla de poblaciones y actividades" (Jordi Borja, 2012)
Oviedo es el paradigma de ciudad capital cultural histórica singular, única y bella. Oviedo puede aspirar a ser Capital Europea de la Cultura 2031 por su papel como cabecera de Asturias, desde cuando adquirió el rol de capital del reino allá por el siglo VIII hasta ser la sede principal de unos premios de prestigio internacional como los Princesa de Asturias. Tal función se fue decantando en un casco histórico y sus aledaños (ensanches) que conforman el lugar central histórico (ciudad entre rondas) que es el Oviedo de referencia no solo de los vecinos, sino también de los ciudadanos (asturianos y turistas) cuando se refieren a la ciudad; al igual que es a la vez referente de la metrópoli y centro gravitatorio.
Oviedo, capital no sólo cultural sino también política, social, económica y territorial, se remonta a los tiempos del rey Alfonso II (759-842), convirtiéndose la ciudad en contrapunto peninsular de la Aquisgrán de Carlomagno y dotándola de una singularidad que la diferencia de otras aspirantes. Se trata de una legitimidad de origen no empañada desde el punto de vista cultural por el repliegue político que fue limitando su alcance desde el viejo reino a la provincia y ciudad concejo. Pero en un contexto donde confluye sinérgicamente con la historia de las villas y sus alfoces (las polas medievales con fuero propio), que han ido consiguiendo su autonomía en las "Asturias de Oviedo" con los pivotes de la industrialización (Avilés, Gijón, las capitales de las cuencas hulleras) y con el área metropolitana funcionalmente consolidada.
Oviedo, Gijón y Avilés conforman un conjunto histórico espacial con legitimación de origen y que se propone como proyecto común compartido con legitimación de ejercicio por la conjunción de sus lugares históricos de ciudad polinuclear y polisémica cultural:
1. La cultura histórica acumulada. La ciudad como memoria con sus imágenes y señas de identidad. En primer lugar, y para el caso que nos ocupa, no hay posibilidad de decodificar y entender cada uno de los cascos históricos de Oviedo, Gijón y Avilés si no es en su conjunto. Además, son parte de la estructura urbana que conforma la actividad económica, social y ambiental (pensando en la sostenibilidad) de los territorios y de la ciudad con sus áreas homogéneas.
2. La cultura de los territorios. La ciudad y sus cambios permanentes. En el contexto de la metropolización, el Oviedo actual en su conformación histórica es la resultante de los procesos políticos y socio-económicos de cada época. Pasando por "las Asturias de Oviedo", la provincia y capital de su mismo nombre y la pérdida de capitalidad política nominal con la Constitución de 1978 y el Estatuto de Autonomía de 1981. Escenarios históricos -ciudades- donde se ha ido "conformando el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico".
3. La cultura de los cascos históricos. La ciudad con los referentes históricos y centrales. En esa ciudad metropolitana, su singular carácter policéntrico se vertebra en torno a los centros históricos, con el de Oviedo a la cabeza, pero reforzado por los demás, en especial los de Avilés y Gijón. Son centros y entornos vinculados que confluyen y se retroalimentan conformando un ámbito donde la cultura es vector esencial. En todo caso, bajo el prisma de una cultura participativa, garantizando los derechos y favoreciendo las iniciativas particulares que confluyan en la perspectiva general.
4. La cultura de lo tangible e intangible. La ciudad y sus múltiples lecturas transversales. Se retroalimentan; son parte de los "lugares comunes" (sitios significados), contando con sus actividades. Incluyen bienes materiales e inmateriales, creaciones que reflejan los valores de una sociedad y se plasman en formas artísticas, como la música, el arte, la literatura, la danza, la arquitectura, la gastronomía, entre muchas otras. La ciudad, además, como soporte de producción, consumo e intercambio de cultura, es un muestrario de nuestras sociedades. La capitalidad cultural contribuye a ordenar los centros y cascos históricos, construyendo la ciudad del presente y futuro contando con la del pasado.
5. La cultura de lo público. La ciudad, donde se visibiliza como público lo privado. Para ello serán lo parcelado, urbanizado y edificado sus manifiestos. La cultura se construye. ¿O adónde dirigimos nuestras miradas cuando visitamos las ciudades europeas, por ejemplo? Conviene rehabilitar su patrimonio, conformar los cascos históricos en red poniendo en valor las señas de identidad de cada uno de ellos, porque tienen problemáticas comunes: gentrificación, vivienda vacacional, edificios en mal estado, abandono de los usos tradicionales, terciarización comercial, hotelera y hostelera del conjunto que parece conducir a la conformación de parques temáticos. Un proceso de banalización de la cultura heredada en la que Europa no puede caer; un riesgo que puede contribuir a mitigar la capitalidad cultural ovetense.
En suma, se dispone de una idea fuerza –"ciudad, artefacto cultural compartido"- que se debe dotar de contenido en la propuesta a presentar. Oviedo no es Salamanca, Palencia, Teruel… y, por tanto, su programa para optar a la capitalidad europea debe girar en torno a la singularidad, histórica y presente, de Oviedo en sí misma y como pivote de un área metropolitana policéntrica, con los cascos históricos de las tres principales urbes regionales como referentes de origen de la misma ciudad. Tal policentrismo es un valor distintivo frente a otras posibles competidoras al sello de Capital Europea de la Cultura 2031, pero, además, ha de ser una referencia donde anclar la articulación de una estructura cultural, un contrato cultural por Asturias donde se ponga en valor la red de villas y pueblos con sus entornos; "paraíso cultural" en sintonía con el "paraíso natural" donde la ciudad se enriquece con la suma de los valores diversos que atesora el conjunto de Asturias. En definitiva, la capitalidad europea puede ser el espaldarazo para asentar lo que ya existe de hecho: el Área Metropolitana Central de Asturias (AMCA) y la Ciudad Regional Metropolitana (CRM), La AsturMetrópoli. n
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