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Opinión

La buena pronunciación no ocupa lugar

Un aterrizaje realista y otras píldoras

Circula por las redes un minivídeo del admirable actor londinense Michael Caine (mucha atención: pronúnciese, más o menos, "maicolkéin") en el que cuenta, serio como es, una anécdota descacharrante, como es él también. La resumo y seguro que por desgracia desvirtúo. Resulta que una noble dama adinerada de avanzada edad y severas dificultades auditivas lo invitó, ya famoso, a una fiesta en su (de ella) mansión de la campiña inglesa, junto a un nutrido grupo de celebridades.

–Noté que no paraba de mirarme curiosa –cuenta Caine– durante toda la velada. De modo que me acerqué a ella, la saludé y le agradecí la invitación cuando oigo que me susurra muy discreta: "¿Es usted un camello, un traficante?". Le juré que no, que nada más lejos, que de ninguna manera. Pero le confesé mi curiosidad por saber cómo había ella llegado a esa confusión.

–Es que veo que la gente se le acerca y le pregunta: "My cocaine?" (pronúnciese, más o menos "maicokéin?")

–¡No, señora! ¡Me saludan y preguntan si soy Michael Caine, no si tengo su cocaína!

Oyendo la parla de tanto locutor y otra gente del común, ¿quién pronuncia hoy medio bien el español?

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Me siento con mi nieto menor en uno de los bancos del Muro. Le cuento –"No enseño, cuento": gracias, Michel de Montaigne– que uno de mis pasatiempos preferidos es ver a la gente pasar, escrutar sus caras, su andar, sus gestos, su (ahora) embebimiento embobado en el bobomóvil. Le aclaro que lo hago en silencio total casi, solo la suave mar al fondo. Qué escuela de vida. Y, a veces, qué respingo. Ocurre cuando recuerdo el tremendo y veraz párrafo de Iñaki Uriarte: "Hay rostros con un fondo de tristeza que son como una prueba viviente de que la felicidad existe y de que la conocieron". Sí, qué vértigo me dan esas palabras, cuánta verdad junta, que pena. "¿Me compras un helado, por favor?", me pregunta el sentido común de mi nieto. Aterrizaje realista.

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–Tú que tanto te las das: ¿está bien contada esta noticia? –me inquiere un conocido junto al Puente del Piles y me muestra en su móvil un "reel".

–Primero: no me las doy de nada. Segundo: eres un redomado brasas.

–Mira: "Dos jóvenes que circulaban en patinete fueron sobresaltados a cuchilladas" –grita en las imágenes que me muestra una correspondal con taladrante voz de pito.

–Quizá fuese un error menor, que quisiera decir "fueron asaltados". Pero en el DLE que tienes bajado a tu celular verás que "asaltar" significa "acometer repentinamente y por sorpresa". Y "sobresaltar" también es "acometer de repente". Hombre, si a mí me asaltan a cuchilladas –no lo permita Dios– sí que me sobresalto, no nos engañemos.

–Entonces, ¿está bien o mal?

–La Real Academia Española y su Diccionario comen ya de todo. Así que tú mismo. Pero pronúncialo bien.

Sigo mi paseo.

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Un vecino de asiento autobusero me cuenta al pasar por L’Infiestu:

–Por aquí cerca vive Rodrigo Cuevas. Qué paisano más listo. Leí este verano que llevaba ya un tiempo en la picota.

–Pero ¿qué dice usted? ¿En la picota por qué?

–Pues en la picota... Famoso, con pasta.

–Estar en la picota significa lo contrario, señor mío. Designa una situación de descrédito por haberse hecho públicos los defectos o faltas de alguien –le corrijo con el dedo índice (el de corregir) enhiesto.

–Pues lo traía el periódico –concluyó.

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Parece que el Sporting gijonés acabará levantando cabeza en esto del balompié. Pero igual alguien está exagerando un poco. Un amigo invisible que me eché me guasapea este titular: "El Sporting negocia con Garitano hasta 2026". ¿Tantos meses va a durar la negociación? Pobre entrenador. Encima de que parece que lo está haciendo bien, aguantar hasta el año próximo negocia que negociarás no es plan. Ah, ¿que quiso decir "El Sporting negocia renovar a Garitano hasta 2026"? Pues que lo hubiera dicho.

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