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Redescubrir qué es hacer política

La búsqueda de soluciones a los problemas sociales, convertida en un simple juego de poder

Últimamente siento que hemos perdido el verdadero significado de hacer política. Esta debería ocuparse de gestionar la sociedad, distribuir equitativamente los recursos y representar el interés colectivo de todos los ciudadanos. Hacer política es un ejercicio multidisciplinar que busca soluciones a los problemas sociales, sin importar su procedencia. Si embargo, se ha convertido en un juego de poder, una guerra de egos, una maquinaria de humo que mantiene a unos pocos en su sillón mientras que el país va a la deriva.

Hasta aquí la teoría. Pero en algún punto de nuestra historia reciente, esa hoja de ruta dejó de guiar a nuestros representantes. Las actuaciones políticas se han ido cerrando en torno a los intereses de los partidos. Independientemente de su ideología, se enzarzan en disputas internas, ignorando la deriva que está tomando el país. Se han alejado tanto de la realidad que son incapaces de reconocer sus errores y comenzar a trabajar por y para el país. Pasan más tiempo defendiendo sus propios intereses, amparados en unas siglas que ya no significan nada, ocupados en desgastarse entre ellos que en dar soluciones a los ciudadanos que seguimos creyendo tristemente en el sistema democrático.

Ya no representan al pueblo, ni siquiera a quienes los eligieron. Se representan a sí mismos y nos consideran un rebaño fácil de manipular. En esto último, tristemente, no les falta razón. Nuestro sentido crítico, frente a las graves circunstancias que vivimos, parece haberse diluido. Miramos hacia otro lado, esperando que el tiempo lo solucione todo, mientras los temas realmente importantes quedan ocultos tras una cortina de asuntos personales y de dudosa moral. Así, continúan en sus cargos sin resolver los verdaderos problemas ni asumir responsabilidades. Nos distraen con polémicas absurdas, nos enfrentan con discursos vacíos, nos mantienen entretenidos mientras ellos acumulan más privilegios.

Mientras, lo importante se muere. Las instituciones pierden importancia, la justicia se politiza y polemiza, las fuerzas de seguridad se cuestionan, y la clase política… se perpetua. Han conseguido que hablemos de banalidades mientras transforman a España en un estado del ocio, nos están convirtiendo en un país de turistas. España, es el patio de recreo de Europa.

Nuestra economía, basada en el sector terciario, genera empleos precarios, con salarios que impiden alcanzar una independencia real o acceder a las necesidades más básicas. Presumen de reducir el desempleo, pero ocultan que tenemos uno de los índices de pobreza más altos. Y lo peor es que no les importa: siempre encuentran un escándalo que desvíe la atención. Mientras tanto, nuestros jóvenes se ven obligados a emigrar para tener un futuro, o a volver a casa de sus padres para sobrevivir. Tienen trabajo, sí, pero de mera subsistencia, mientras aumentan los gastos del Estado en cuestiones que solo interesan a una minoría privilegiada a la que ellos pertenecen.

Es hora de pensar qué país queremos ser. ¿Vamos a hacer valer nuestro potencial, a recuperar el pensamiento innovador y creativo para subirnos al tren del desarrollo tecnológico e industrial? ¿O seguiremos siendo el parque de atracciones de Europa, sin futuro para nuestras nuevas generaciones? Es momento de exigir respuestas a quienes elegimos para dirigirnos, y de reclamar que trabajen para todos los ciudadanos.

La suerte que tienen es que, el lunes, este país volverá a levantarse temprano para ir a trabajar y mantenerlo en marcha. Y así, de nuevo, no tendrá tiempo para exigir explicaciones sobre por qué, trabajando más, recibe menos. Solo espero que llegue le día en que este pueblo cansado, y harto, se cansará y entonces tendrán que rendir cuentas.

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